120 —Pero alégrate más bien, hijita. Entiendo que el cuarto capítulo que te falta escribir es el último, el final, que tratará sobre tus proyectos de estudio y tu anhelo por ser abogada y defensora de la justicia, así que nadie mejor para ayudarte a escribir ese capítulo que tu propio padre —le animó su mamá. —Tienes razón, mamita, mi padre y tú harán posible que ese cuarto capítulo, que será el cierre de mi libro, sea como el que he soñado escribir —expresó Miguelina, dibujando una amplia sonrisa en su rostro. El Gregory estaba cruzando el oleaje de la pororoca, producido por el encuentro entre las aguas salinas del Atlántico y las aguas dulces del Amazonas. La sensación suave y acariciante que le producía el movimiento del barco navegando en las aguas del gran río, llenó a Miguelina de una alegría profunda y fluvial. Sintió que no solo navegaba en el río Amazonas, sino en el río de su vida. Cuando su mirada divisó la Estación das Docas del puerto de Belém do Pará, sus ojos se humedecieron. Estaba de retorno a su niñez. Cuando el Gregory acoderó en el muelle y los pasajeros con destino a Belém do Pará comenzaron a descender en el puerto, el muelle que semejaba un gigantesco insecto de hierro con las grúas como antenas estaba casi desierto, solo estaban los familiares de los pasajeros. Todo lo contrario de cómo lucía la Estación das Docas en el viaje de ida a Europa, hace cuatro años. Un hormiguero de gentes, además de los obreros que operaban las grúas de embarque de las miles de bolas de caucho en los barcos, visitantes paseándose y curioseando en las tiendas que exhibían artículos y productos inimaginables, cómicos ambulantes y vendedores de filtros de amor y talismanes de la buena suerte. Todo ese gentío no estaba más, brillaba por su ausencia. —Mamita, ¿te has dado cuenta qué poca gente hay ahora en el muelle, a diferencia del hormiguero que había cuando partimos hace cuatro años? —interrogó Miguelina a su madre con un tono de triste sorpresa y curiosidad en la voz. —Tienes razón, Miguelinita. ¿Sabes por qué el muelle está casi vacío, a diferencia de hace cuatro años? —le preguntó doña Grimanesa a su hija.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx