115 otros expedicionarios al Nuevo Mundo. Se mordía las uñas y hacía un gesto de rabia, cólera y tristeza, imaginando los miles de esclavos que transportaron en esos barcos, desde el África hacia América y, casi automáticamente golpeó la mesa con el puño, pensando e imaginando también que las bodegas de esos barcos estaban repletas de las riquezas del Perú, de México y de otros pueblos americanos. Un hombre mayor, de pelo canoso, que estaba leyendo en la cabecera de la mesa, la miró sonriendo, quizás estaba pensando que a esa muchacha de grandes ojos pardos le estaba patinando el coco. Miguelina se puso a ordenar y a revisar los capítulos de su libro: el primer capítulo estaba dedicado a la Amazonía en general, pero en particular describe la realidad del Alto Amazonas, de Yurimaguas, durante su nacimiento y primeros años de vida. «Porque la mejor forma de descubrir el alma de una persona es saber y conocer la realidad en que nació. Para escribir este capítulo, mi madre ha sido clave, la llave maestra», pensaba reflexiva. «El segundo capítulo está dedicado a la primera travesía, desde Iquitos hasta Liverpool. Este capítulo narra las emociones, sensaciones y experiencias vividas en los puertos durante el viaje, pero solo como telón de fondo, porque lo central de este capítulo es la lectura de Peregrinaciones de una paria, y las lecciones y conclusiones que la vida de Flora Tristán había dejado y seguía dejando en mi vida, y lo que haré en el presente y el futuro para construir mi propio destino», hablaba para sí misma Miguelina. «El tercer capítulo estará íntegramente dedicado a mis cuatro años en Europa, con todas sus luces y sus sombras. Desde las burlas que recibía de mis compañeros de clase por no hablar bien el francés, hasta las altas calificaciones que logré y que dejaron mudas y mudos a todos los que se burlaron de mí», reflexionaba Miguelina—. «En este capítulo debo recoger, sin ocultar nada, la poderosa relación con mi madre, desde los diálogos tiernos y profundos y los consejos sabios, hasta las ásperas discusiones que terminaban en llantos, abrazos y perdones entre ambas. Este capítulo será como un viaje al fondo de mí misma y de mi madre», seguía Miguelina tejiendo la estructura de su libro en la mente.
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