Miguelina

113 la curiosidad de ambas, porque eran países que no habían visitado durante su estancia por Europa. El tren, puntual como un reloj suizo, llegó a la estación central de Liverpool a las cinco de la tarde en punto. Con el apoyo de un mozo cargador subieron sus maletas a otro tren, de corto recorrido, con dirección al muelle de Liverpool. Cuando llegaron, Miguelina observó al barco acoderado en el muelle, y lanzó un grito de sorpresa, emoción y alegría: —¡Mamita, mira el barco en el que vamos a volver al Perú! ¡Es el Gregory! ¡El mismo que nos trajo a Europa! El camarote de dos camas que les asignaron estaba, como en el primer viaje, en el segundo piso. Miguelina, una vez instalada, salió a mirar y a elegir el lugar donde, a lo largo del viaje que duraría un mes, retomaría la redacción de su proyecto de libro Peregrinaciones de una amazónica. En el libro de Miguelina, su travesía desde Yurimaguas e Iquitos había tenido como fin y propósito conocer el mundo europeo, aprender idiomas, beber de otras culturas y estudiar la educación secundaria, para luego proseguir con su formación superior en derecho: «Quiero ser abogada para defender a los marginales, agredidos, explotados, abusadas y abusados, a mujeres, obreros y a los indígenas del Perú», era una de sus ideas fijas, sembradas en mente como un poderoso impulso vital. Apenas el Gregory levó anclas y se fue alejando del puerto de Liverpool, y las luces de la ciudad se apagaban como remotas luciérnagas, Miguelina se puso a pensar en la continuación de su libro: hacía cuatro años, durante el viaje de Iquitos a Liverpool, empezó a trabajar este proyecto, pero la dedicación casi exclusiva a sus estudios no le había permitido trabajar en el libro durante su estancia por Europa. Además, el libro debería contener toda la experiencia vital de los cuatro años en el Viejo Mundo, y ello solo era posible al final de su retorno al Perú. «Tengo casi un mes para escribir, el mes que durará el viaje», pensó. Peregrinaciones de una amazónica tenía una estructura lineal, como la concepción del tiempo occidental. Los capítulos que ahora escribiría debían recoger, resumir y recrear su intensa y rica experiencia de aprendizaje en las escuelas europeas, de su vida con su madre, la

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