112 —Estás muy contenta, Miguelinita, te emociona volver al Perú —expresó Javier Calvo de Araujo, dirigiéndole una mirada de aprecio. Antes de que Miguelina soltara una palabra, doña Grimanesa se le adelantó diciendo: —Anoche casi no ha dormido pensando en nuestro retorno al Perú y a Yurimaguas. —¿Qué es lo que más te emociona de volver al Perú? —le preguntó entonces Javier. Miguelina no lo pensó dos veces, como si tuviera la respuesta en la lengua: —Primero, darle un gran abrazo y un beso a mi padre, saludar a mis parientes y amigos de Yurimaguas y, cuando llegue el momento, partir a Lima para estudiar Derecho. Mi sueño es ser abogada... —justo cuando terminaba de decir la última palabra, el conductor del trencito a caballo anunciaba la llegada a la estación central de Zúrich. Doña Grimanesa pagó los 50 francos suizos al cochero, bajaron las maletas y caminaron en dirección a la sección de entrega de equipajes y, luego del registro, se dirigieron a la sala de espera para el embarque a Liverpool. Todos estaban con los ojos brillantes en silencio, amenazando una tormenta de lágrimas. Margarita Phillips rompió el silencio cuando extrajo de su bolso una muñeca suiza que puso en manos de Miguelina, y Javier Calvo de Araujo hizo lo propio, poniendo en manos de doña Grimanesa un fino reloj suizo de mujer. —Nunca olvidaremos este gesto. Mucho menos el apoyo y la amistad y la compañía que tú, Javier, y tú, Margarita, nos han brindado en Zúrich —manifestó doña Grimanesa, con los ojos llenos de lágrimas. —Los llevamos en nuestros corazones y allí vivirán para siempre —exclamó Miguelina, sin poder contener el llanto. Se abrazaron y se dieron besos en las mejillas apuradamente, porque el altoparlante de la estación anunciaba que el tren partía en diez minutos. El viaje de más de mil kilómetros entre Zúrich y Liverpool fue agotador y aburrido, salvo cuando cruzaron Francia y las cercanías de París, y los recuerdos asomaron por la memoria de Miguelina y doña Grimanesa. La travesía por el territorio de Bélgica y el cruce por Londres despertaron
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