Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

-7- q uisitorial , que b o rraba cua nto para él revistiera ca rácter de idea inno vadora, progresista ó liberal. En cuanto á manuscritos, pasa ndo por alto los de Ro<irigo Valdés, de Buenelía y de Menacho, jesuítas limeños dt gran ta– lento y de vasta erudición; el Christo revelato del pa<lre Acosta , los trabajos ele Peñafiel , Avila , Jáu1·egui y otros sobre m a teria teológ ica; dejando á un la do 174 manuscritos de ios padres de la Compañía de .T esús, rel a ti vos á asuntos filoséificos y canó nicos; y estimando en p oco el crecido núme1·0 de sermones en el estil o gerundiano de los sig los XVU y XVIII, me contraeré sólo á los manuscritos ele interés histórico, científico ó liter1:1,rio que pose– yera nuestra antigua Biblioteca. Conservábanse en ella, con firma autógrafa, las 1\!femorias de los virreyes príncip'! ele Esquilache, duque de la Palata, con– Jes de Castellar y de SuperuAcla, marqueses de Mon tescla ros, Villagarcía y Castelfuerte, obispo Lifüfo de Cisneros, Amat, Jáu– regui y Croix, todas las que, afortunadamente, se encuentran hoy impresas. Se conserva ban también las }lemorias, inéditas, ele los marqueses de Mansera y de Avilés, y la del conde de Salvatierra. Manuscritos notables eran un trntado de Cetrerfo, lujoso traba– jo calígn'.'1.fico que perteneció al emperador Carlos V; un lihro de Heráldica peruana con preciosos dibujos á pluma; una Histo– ria de Chile por don Pedro de Fígueroa, y otra de la misma na– ción por Basilio de Rojas; ocho procesos de la Inquisición de Li– ma, entre los que se encontraba la famosa causa contra Francis– co Moyen; los vocabularios de las lenguas cuniva y esteba; mu– chas cartas anuas de los superiores de la Compañía de Jesús en el Perú, y gran parte de la causa contra Tupac-Amaru, El humo de las batallas de San Juan y de ~Iiraflores se había ya disipado, y hacía mes y medio que el afortunado vencedor se enseñoreaba en la capital de la república. Nada hacía recelar un ataque á nuestros c~ntros de ilustración. Desgraciadamente, al ,regresar á Chile los principales jefes del ejército de ocupación, quedó Lima bajo el mando superior del general don Pedro La– gos, el que, en los primeros días de marzo, cometió el crimen de lesa civilización de considerar los libros como ·botín de guerra, destruyendo la obra del genio progresista y civilizador de San :Martín. Los salones donde vagan las venerandas somhrns de los

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