Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

6- así como las mexicanas, y los trabajos de Squier, Uricochea, Warden y Brasseur de Bourgbourg. En geografia y viajes, lucían las ol>ras de Estrabón, Pompo– nio y Riccioli con los diccionarios <le Mo1·eri, Colleti y Alcedo, á la vez que las especiales descripciones de Spilberg, Drake, Dam– pierre, North, Olloa, Frezier, FeLtillet, Malespina y Lacondami- 11e. En lingiiística, había abundante caudal de gramáticas y dic– cionarios ele las lenguas sabias y de las modernas, no siendo es– casos los libros relativos á idiomas y dialectos americanos. Entre las obras 1·aras, rarísimas, poseíamos el libro qLte escri– bió Enrique VIII en defensa de la Iglesia catéllica, y que mereció del Pontífice el lema Fidei defensa, que aun ho,v sub;;iste en la he– ráldica de la casa real de Inglaterra-el Nuevo descubrimiento del gran 1fo Amazonas, por el jesuita Cristóbal de •Acuña- la Extir– pación de la idolatría de los ;ndios ael Perú, por el padre Arria– ga- y la relación de varios Autos de fe celebrados por la Inqui– sición de Lima. Aunque no teníamos en la Biblioteca gran abundancia de incunables, conservábanse en perfecto estado un Breviario, en 8° que se concluyó de imprimir en Venecia por Juan Huamán, en 1489- las obras de Platón, en un tomo. impreso en 1491, en la misma ciudad, y los Coment;-i,.;os de Persio, publicados igual– mente en Venecia,en 1492. El misal muzárabe, impreso en Toledo, llevaba en el colofón la fecha de 9 de enero de 1500. En la sección americana estaban las producciones de casi to– dos los escritores que riacieron ó residieron en nuestro territori,,: León Pinelo, Villarroel, Pernlt,a, Juan de Caviedes, Olavide, Be– rriozabal, Espinoza Medrana, Cosme Bneno, Unánue, LarrivF• y muchos otros, ostentaban allí el fruto e.le su ingenio .Y talento. Cuanto folleto ó libro saliera de las prensas del Perú, desde 1583, los pose:a la Biblioteca; y finalmente las irreemplazables colecciones empastadas de to<los los periódicos publicados en Liipa, desde el último tercio del siglo XVIII, constituían el posi– tivo lnjo del establecimiento. En conclusión, básteme afirmar que los libros eran tales como debía de es;->erarse: considerando que gran parte de ellos pertenecieron á Olmedo, Unánue y Pérez Tudela. En no pocos se veía la huella de la pluma del censor in-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx