Memoria que presenta el director de la nueva Biblioteca Nacional en el acto solemne de su inauguración el 28 de julio de 1884

V En el sal6n América estaban las obras de casi todos los escrito;~H que nacieron óresidieron en ella-Leon Pinelo, Villarroe~, Peralta, Ola– vide, Berriozábal, Juan de Caviedes, Cosme Bueno, Larnva, Pardo, Se– gura, ostentaban allí las prodnccioues de su ingenio. qqanto. fo!leto 6 libro salió de las prensas del Perú desde 1584, los poseia la Bibhottca; y finalmente, las irreemplazables coleccion~s, empa~tadas, de todo~ los periódieos publicados en Lima desde el último tercio del pasado siglo, constitu[an el positivo lujo del establecimiento. . La nueva Biblioteca, que hoy se levanta sobre las rumas de la an– tigua, ha recobrado no pocas de las obras raras y curiosas que le perte– necieron, circunstancia de que, sin fatuidad, podemos enorgullecernos. Allí donde adquiríamos noticia de la existencia de un libro que fué de propiedad nacional, allí acudíamos á reclamarlo; y, sea dicho en enco– mio de la moral privada, ningun poseedor puso obstáculo á nuestra exigencia. Destrucción de la Biblioteca. ~ ~L humo de las batallas de San Juan y Miraflores se había disipado, ~y hacía més y medio que el afortunado vencedor se enseñoreaba· tranquilo en la capital de la república. Nada: hacia yá recelar un ata, • que á nuestros centros de ilustración. Desgraciadamente, al regresar á Chile los principales jefes del ejército de ocupación, quedó Lima bajo el mando superior del general don Pedro L'lgos, el que, en los primeros dias de .Marzo, cometió el crímen de lesa-civilización de considerar ios libros como botin de guerra, destruyendo la obra del génio progresi~t11, y civilizador de San Martín. Los salones donde vagan las venerandr.s sombras delos bibliotecarios Arce, Paredes, Dávila-Condemarin, Herrera, Pastor y Vigil, sirvieron, durante muchos meses, de cuadra para uno '1.~ los batallones; y los libros, esparcidos á los cuatro vientos de la tiel'\·, fueron trasportados á Chile ó vendidos á vil precio en los bodego1; ,. La humanidad, inflexible y severa en sn justicia, condenará siemprP a1 hombre que manchó sus laureles ele soldado, para identificarse co • el ' tristemente famoso Amrou, general del califa Ornar, incendiario d<;- l& Biblioteca de Alejandría. Archivo Nacional. ~ L recibir el Establecimiento encontré que los legajos del ArcJ i , ~ habían sido trasladados, por disposición de la autoridad chih,na. de su antiguo local, 11.l salón primitivo de la Biblioteca. Llenos, como están, los salones América y Enropa, pienso qu.i, t:tn luego como las circ~mstancias del tesoro público lo permitan, deb 1 'n

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