Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
CARLOS RAYGADA 79 Conclusiones Tenidas en cuenta las precedentes razones y pruebas y las deducciones que los hechos enumerados autorizan, bien podemos llegar a las siguientes con• clusiones: 1~ San Martín, Jurada la Independencia el 28 de Julio de 1821 con– vocó a concurso para la composición de una Marcha Nacional el 7 de agosto, y señaló como límite de admisión el 18 de setiembre. Es posible que el Pro– tector hubiese sido estimulado a lanzar esta iniciativa por la frecuente au– dición de himnos o marchas nacionales que espontáneamente compusieron poetas y músicos como consecuencia del febril entusiasmo patriótico que es– talló en esos días a raíz de la Jura. El caso del general Guido puede autori– zar esta suposición. 2~ Los disturbios ocasionados por los enemigos naturales de la na– ciente república, retardaron la concurrencia de los músicos. Estos aprovecha– rían el tiempo para terminar sus obras o bien para mejorar o retocar las ya existentes, pues la perspectiva de un cotejo exigía mayor esmero en la pre– sentación fl concurso de marchas o himnos dictados por un arranque patrióti– co cuyo fervor no permitiría el reposo necesario para una revisión rigurosa. 3~ El Protector concedió una prórroga, expedida el 15 de setiembre y señalando como límite el 28 del mismo mes. 4~ Recobrada la estabilidad de la república, los compositores no nece– sitaron utilizar la prórroga y se apresuraron a presentarse el primer día útil a raíz de la e~pedición del decreto del 15, o sea el lunes 17. Entonces se efec– tuó el certamen, con toda probalidad en el salón de don José de Riglos, don– de se realizaron las pruebas por medio auditivo, utilizándose para tal fin el clave ( en vez de clavicordio, instrumento inapropiado) del amigo íntimo y colaborador de San Martín. s~ El Protector, al no encontrar, entre las siete obras escuchadas, una Marcha de su gusto, resolvió adoptar, provisoriamente y de facto, la presen– tada en. último término por Alcedo, cuya belleza melódica e impulso diná– mico, probablemente ya conocidos por San .Martín en alguna audición extra– oficial, recibieron sin duda un calor expositivo convincente a través de la se– gunda audición, animada por el proverbial fervor patriótico del autor. 6~ Adoptada la Marcha, procedió Alcedo a su orquestación y ensayo por la orquesta del Teatro, la cual pudo así estrenarlo oficialmente en la fun– ción del 23, en la que tuvo por intérprete a la celebrada Rosa Merino, que cantó las estrofas, mientras el público entonaba el coro. La primera cantatriz de la república Doña Rosa Merino era, en efecto, la artista mimada del público de aquellos días, a juzgar por las elogiosas referencias que los periódicos de en– tonces hacían de su .voz y de su simpatía. En "Andes Libres" (39), se lee: (39) "Los Andes Libres", N9 13, del 10 de noviembre de 1821.
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