Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
CARLOS RAYGADA 67 categoría de hecho histórico incontrovertible. Y sólo existía una persona capaz de asumir tal responsabilidad: don José de la Riva Agüero, quien a su indis– cutible probidad de historiador, como ningún otro prolijo y exacto, agregaba, en afortunada coincidencia, el mismo vínculo que había dado a Vareta tan im– presionante validez con respecto a doña Manuela Rábago de Riglos, pues co– mo Clovis, era Riva Agüero bisnieto de la ilustre dama. Tuvo nuestro amigo la gentileza de invitarnos a dar lectura a este trabajo. Y en llegando a este punto... -¡No puede ser! -nos interrumpió, con tono reposadamente suasorio y un tanto extrañado a la vez. No es para descrita nuestra sorpresa. -No puede ser -continuó Riva Agüero, armado de todas las armas de su memoria prodigiosa y de su inagotable documentación familiar-, por– que mi bisabuela, en la época a que se refiere tal relato, no era aún señora de Riglos, pues en 1821 sólo contaba doce años de edad y ella casó a los die– ciseis, o sea cuatro años después. He ahí, pues, una preciosa tradición matizada de pormenores que le prestaban cautivantes visos de verdad histórica, creada por un bisnieto de la protagonista y luego destruída por otro descendiente suyo de igual vínculo. Nos bastaba, desde luego, la rotunda rectificación de Riva Agüero para desplazar de nuestro repertorio aquella romántica ficción; mas, en nuestro propósito de agotar la documentación, acudimos a una referencia escrita. . . ¡ del propio Va– rela! sus Aptmtes para la Historia de la Sociedad Colonial, en los cuales, ce– diendo el evocador literario su puesto al investigador documentado, confirma que su b~sabuela, nacida el 18 de mayo de 1809, casó con el señor de Riglos el 8 de setiembre de 1825, es decir, lo que ya sabíamos por Riva Agüero (27). Queda, por tanto, demostrado que la participación de doña Manuela ' Rábago de Riglos en la histórica escena de) concurso del Himno o en la de su estreno privado es absolutamente falsa. No podía figurar como señora de Ri– glos por la ya expuesta razón de fechas, y no podía figurar como señorita quien en esos días apenas contaba doce años de edad; no era, pues una señorita sino una niña, y una niña de esa edad no podía desempeñar un papel social y me– nos asumir el semioficial que se le atribuye, que, por lo demás, tampoco figura en las numerosas cartas familiares de la época ( ¡y cómo no habría de figurar tan sensacional anécdota!) que conserva la familia Moreyra y Riglos, según nos afirma otro de los bisnietos de doña Manuela, el señor Manuel Moreyra y Paz-Soldán, a quien también consultamos el caso. Es del dominio de la fan- (27) Luis Varela y Orbegoso: Apuntes para la Historia de la Sociedad Colonial, Lib. e Imp. E. Moreno, Lima, 1924, 2da. ed., privada particular, en 2 vol. V. Los Díaz de Rába– go, Los Abella-Fuertes, Los Orbegoso, Los Varela, Los Riglos - Don José de Riglos La– Salle ( t. II, pág. 71). Es erróneo el dato de Mendiburu según el cual " ... doña Manuela casó en 1821 ... ' (Diccionario Histórico Biográfico del Perú, ed. San Cristóbal, t. IX, pág. 317, Imp. Gil, Lima, 1934). V. también el interesante artículo (firmado G.) "El Primer Cón– sul Argentino en Lima'', en el número de "Mundial" dedicado a la conmemoración del I Cen– tenario de la Independencia. Se ofrecen allí muy interesantes informaciones sobre la perso– nalidad de Riglos y de su esposa, pero conviene avisar que la fecha del matrimonio está equi– vocada, pues dice que fué en 1824.
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