Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
66 MAR DEL SUR da de extraño resulta el cúmulo de errores que pesa sobre la centenaria his– toria del Himno. Según la primera noticia, escrita como se ha dicho, la misma noche de la fiesta y por tanto la que por ser inmediata debía reflejar los hechos comentados con mayores posibilidades de verosimilitud, el Himno lo "cantó con frescura y bien timbrada voz la señora Enriqueta Garland de Graña, quien representaba a la señorita Manuela Díaz de Rábago; según la noticia del do– mingo siguiente, "lindas voces de mujeres entonan a la sordina, como un sím– bolo, la cálida estrofa". Y para nada se menciona a la señorita de Rábago. Sin embargo, la relación de damas y caballeros que participaron en esta Tradición, tomada del programa de la fiesta, dice: San Martín, Felipe Cossío Pomar; José de Riglos., Jorge Baily; Bernardo de Monteagudo, Guillermo Rodríguez Mariátegui; Mar– tín Jorge Guisse, J~é Alvarez Calderón; José Bernardo Alcedo, Eduardo Muelle; Francisco J. Mariátegui, Augusto Leguía Swayne; Manuela Rábago de Riglos, Enriqueta Garland de Graña; Rosa de Rábago, Gabriela Grellaud de Sosa; Mercedes de la Puente, Isabel La Rosa de Mackehenie; María Moreyra, Alida Pendavis de Gor– don; Juana Rosa Moreyra, Ana Lyons de Devéscovi; Sara Cáceres, Rosa Porras de Sisson. Por lo pronto, doña Manuela Rábago aparece aquí como señora de Ri– glos mientras que en la noticia precedente figura como señorita. Esta contra– dicción, evidentemente sospechosa, había de determinar, a cerca de veinte años de plazo, el dramático y definitivo derrumbamiento de la efímera Tradición creada por Luis V arela. Veamos de qué manera: Nos dispo_níamos a incorporar al presente trabajo la romántica Tradi– ción de Vareta, con todos los matices de verosimilitud que la conformaban, afian– zados en el justo prestig~o de que gozaba <;Jovis como minucioso y documen– tado conocedor de la historia social limeña y, además, por la autoridad que le confería el hecho de ser bisnieto de la protagonista -título que sin duda se hizo valer tácitamente-, mas no sin antes procurar una confirmación que tu– viese el carácter definitivo indispensable para conceder a un relato familiar la recuerdo del señor Levillier, véanse "La Crónica" de los mismos días 6 y 8, la revista "Va– riedades" de los sábados 7 y 14, y, especialmente, la revista "Mundial" del viernes 13, que brinda la más amplia información gráfica, con cuarentiocho fotograbados de la fiesta, más el retrato del señor Levillier. Aparecen allí también --como en los diarios citados- la her– mosa y justamente celebrada "Invocación a Palma" escrita por José Gálvez y dedicada al Ministro argentino, y una reseña de la fiesta, seguida de la relación de personas que inter– vinieron en ella. Para completar este proceso informativo, agregaremos que "La Prensa" ofreció una noticia sintética, mientras "El Tiempo", aunque más generoso, incurrió en el desliz clásico de informar equivocadamente sobre el contenido de la Tradición del Himno Nacional, pues cultivando la funesta práctica periodística de "adelantar el material", to– mo como punto de partida el título de la Tradición para luego basar su comentario no en lo acaecido en la fiesta misma sino en las palabras del propio Palma y referirse, natural– mente, al estreno por Rosa Merino, que, como se ha visto, no figuraba en el reparto, pre– viamente publicado. Impensadamente, pues, "El Tiempo", al cometer una galle típica– mente periodística, rectificaba la rectificación de Luis Vareta y reivindicaba la Tradición de Palma, salvando así, por lo menos desde sus columnas, lo contradictorio del homenaje.
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