Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

CARLOS RAYGADA 65 Garland de Graña), quien representaba a la señorita Manuela Díaz de Rábago; en tanto que San Martín revivía en la gallarda figura de Felipe Cossio Pomar, y don José de Riglos, en cuya casa tuvo lugar la histórica escena, prestaba sus rasgos y su personalidad a Jorge Baily, y las bellezas de la aristocracia limeña de esos días, las Rábago, las Puente, las Moreyra, las Aliaga, tenían como represen– tantes a las señoras Gabriela Grelaud de Sosa, Isabel Mackehenie, Alida Pe_ndavis de Gordon, Ana Lyons de Devéscovi, María Urbina de Bielich y Rosa Porras de Sisson, y los próceres a Guillermo Ro– dríguez Mariátegui y José Alvarez Calderón. "Por su espíritu evocador, por la precisión y los detalles y por la belleza de las damas que en él tomaron parte, este cuadro produjo una honda impresión estética y halagadora ... " ( 25). El mismo diario, ampliando esta información, sin duda deficiente por la premura con que hubo; de hacerse la misma noche de la fiesta, ofrecía más datos al día siguiente, y al tratar el mismo punto, decía: "El himno nacional.-Terminó la velada con esta sobria y emo– cionante tradición, en la que en la tertulia de don José de Riglos y Lasalle, caballero argentino, que fué el primer representante de las provincias unidas del Río de la Plata en el Perú, se conoció por pri– mera vez el admirable himno nacional peruano, en compañía de don Bernardo de Monteagudo. Fué un momento de intensa emoción el de la aparición de don José de San Martín, arrogantemente repre– sentado por Felipe Cossío Pomar. El público prorrumpió en un aplau.. so largo y cerrado. Renace la tertulia, y Riglos invita a Alcedo, que estuvo caracterizado por don Eduardo Muelle, bisnieto de don Jo– sé de la Torre U garte, autor de la letra del himno. Toca el himno Alcedo y lindas voces de mujeres entonan a la sordina, como un símbolo, la cálida estrofa. Termina Alcedo, y San Martín se pone en pie entusiasmado y dice: "Este, este es el himno nacional del Pe– rú". La impresión que tuvo el público selectísimo que ocupaba la sa– la, los corredores y los pasillos, no es para descrita. Sobria, sencilla, de líneas épicas, esta tradición, que dirigió la señora Enriqueta Gar– land de Graña, terminó como un aureo colofón, la extraordinaria ve.. lada con que el excelentísimo señor Roberto Levillier, ministro de la Argentina, regaló á sus invitados en la noche, que será histórica, del 5 de abril de 1923" (26 ). Después de leer estas dos noticias del mismo diario y sobre el mismo asun– to, mediando apenas tres días entre una y otra y tan diferentes entre sí, na- (25) "LA GRAN FIESTA DE ANOCHE EN LA LEGACION ARGENTINA", en "El Comercio'', ed. matinal del 6 de abril de 1923. (26) "EL COMERCIO", domingo 8 de abril. Además de estas informaciones y para mayores datos sobre el celebrado travestimento que tan grato hace a los limeños el /

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