Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

64 MAR DEL SUR cálida y bella voz, tan profunda emoción a las estrofas de Alcedo y Torre U gar– te, que San Martín, inflamado de patriotismo, pronunció resuelto las palabras consagratorias que se han hecho célebres. Esta historia había de tal manera cautivado el interés de los limeños, que no sólo llegó a tener la validez de un relato romántico repetido con frui– ción, sino que llegó a culminar como argumento rectificatorio de la difundida Tradición de don Ricardo Palma, en la famosa fiesta que ofreció en 1923 el entonces Ministro de la República Argentina, don Roberto Levillier. Tal fies– ta, a la vez que espiritual regalo para la sociedad limeña, tenía el carácter de un homenaje a la memoria del ilustre tradicionista, ocho de cuyas afamadas Tradiciones Peruanas habían de representarse, artísticamente escenificadas, por distinguidas damas y destacados caballeros de la sociedad de Lima. Hecho cu– riosísimo, autorizado por Luis Varela y Orbegoso, cuya condición de bisnieto de la señora de Riglos, debía considerarse como título suficiente para rectificar a Palma, y refrendado por un grupo de poetas, literatos, críticos y periodistas integrantes de la plana mayor de la intelectualidad limeña, quienes tomados por el encanto de aquella anécdota de tan noble emoción patriótica, no pensa– ron siquiera en dudar de su autenticidad ni repararon en los alcances que po– día tener, pese a la flagrante contradicción de rectificar al afamado autor en cuyo homenaje se realizaba la fiesta. Fueron ellos don Clemente Palma, hijo del tradicionista, don Juan Bautista de Lavalle, don Luis Miró Quesada, el pro– pio Varela y don José Gálvez, autor de los diálogos de esta nueva Tradición del Himno Nacional (24 ), con la que se cerró en forma brillantísima y emocio– nante el programa de la histórica fiesta, cuya portada traía la siguiente inscrip– ción: EPISODIOS SINGULARES de las TRADICIONES PERUANAS representados en la casa de la República Argentina en Lima, en homenaje a la memoria insigne de don Ricardo Palma. Imaginó es– ta evocación don Roberto Levillier. Diéronle forma animada hidal– gas gentes de la sociedad de la Tres Veces Coronada Ciudad de los Reyes. V. Abril. MCMXXIII. Imprenta de la Providencia. Con– vento de San Francisco. Lima. "El Comercio", al informar sobre su desarrollo y refiriéndose a esta Tra– dición, decía: " ... Cerró con llave de oro la serie de las tradiciones la del "Himno Nacional", que ejecutó en un viejo clavicordio el señor Eduardo Muelle que personificaba a Alcedo y cantó con fresca Y bien timbrada voz la señora Enriqueta Graña de Carland ( sic, por ( 24) Debemos precisamente al doctor Gálvez este dato, así como la confirmación del origen del relato rectificador, cuya r.esponsabilidad pesa sobre la querida memoria de Luis Vareta.

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