Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
38 MAR DEL SUR tín ni para el Gobierno Chileno" ... "pero si le dí carta particular, mas ningu– na nota oficial pues hubiera sido esto dar idea de reconocimiento a un gobier– no intruso y revolucionario" ( 16). El objetivo guerrero se concreta y es la Expedición al Sur la idea cen– tral del gobierno de Lima: "se ve que la expedición contra Chile va en tiem– po oportuno" ( 17), afirma el optimismo de Pezuela, pues, "la recuperación del Reino de Chile es absolutamente necesaria por la íntima conexión de éste con aquél Reino" ( 18). En otra Fragata, la aJnericana Ontario, que llega de Valparaíso, viaja Prevost que provoca "desconfianza pues además de la que me han dado siem– pre extrangeros, observé que éste, en sus maneras y explicaciones, podía ser alguno de los que en observación de la guerra de estos países podía ser em– biado de su gobierno entre aquellos que· me avisó nuestro Ministro Onis" (sic). (19). Las noticias contrarias a España que se reciben de Chile provocan en el Virrey un preciso examen de la situación. Dice el 21 de Abril de 1818: "Yo sabía que la idea de los insurgentes de Buenos Aires y en Chile fué siempre hacerse dueños a toda costa de la capital del Perú y que para conseguirlo se les había presentado la ocasión más favorable" y teme que lleguen "pronto, antes que el Rey reuniese fuerzas que disminuyesen entre estos habitantes la opinión que había ganado en la desgraciada batalla de Maipú" (20). Una de las más originales opiniones de Pezuela sobre San Martín, es la que expresa en ocasión de la llegada del Coronel Don Pedro Nioriega - prisionero en Maipú que se presenta como parlamentario - y entrega unos documentos de San Martín: "Me trajo un oficio de éste, que era una verdade– ra intimación, haciéndome responsable de la sangre que se derrame en lo su– cesivo si yo no obrase con arreglo a la voluntad de los habitantes del P~rú, pues ya no me quedaba otro arvitrio. Este niño con zapatos nuevos (pues era la única acción que había ganado, pues la de Chacabuco no se puede llamar tal), creyó enseñándomelos con el lenguaje que acostumbran estos hombres, a la menor ventaja había de amilanar a un soldado embejecido en ganar accio– nes sobre ellos; y así será la contestación que recibirá" (sic). ( 21). La sim~ ple posibilidad del diálogo con los rebeldes irrita la orgullosa firmeza del Vi– rrey; no reconoce igualdad de situaciones. Siempre con la preocupación por el desaliento que puede originar el desarrollo de la lucha en Chile, apresta sus fuerzas: "para tranquilizar a los bue– nos habitantes de esta ciudad, que son su mayor parte, y contener la pernicio– sa alegría e ideas sucesivas del menor número que es el malo en el cual ape– nas se cuenta una persona visible, ni aun de mediana estofa" ( 22). (16) ibid. p. 200-201. (17) ibid. p. 198-199. (18) ibid. p. 191-198. (19) ibid. p. 247. (20) ibid. p. 255. (21) ibid. p. 271-272. (22) ibid. p. 248-249.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx