Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

]OSE AGUSTIN DE LA PUENTE CANDAMO 37 Empero, Pezuela, a pesar de ciertos testimonios pesimistas, alienta es– peranzas de triunfo: "no desconfío ni por un momento, como tenga salud, que no ha de quedar piedra por tocar para defender al Rey estos dominios y sus hogares y haberes a la multitud de habitantes honrados, dignos de todo mi aprecio por su decisión y amor a la causa del Rey" ( 13 ). Si a estas pruebas de inquietud frente a la próxima lucha agrégase el daño que causa al partido realista la nueva del desastre de Maipú - al cual se refiere insistentemente Pezuela - no puede desconocerse que la fidelidad de Lima, sin dejar de ser cierta en parte, no puede sostenerse con un criterio ab– soluto y general. Interesa subrayar que el Diario - antes del momento definitivo de la lucha - refleja, no sólo por la amenaza externa, sino también por la inquie– tud interior, un espíritu de inquieta búsqueda de medios de defensa, temor a la obra subversiva de los forasteros, silenciosa pesquisa de centros conspirado– res y preocupación permanente por la obra de los espías ( 14 ). Penetración de San Martín en el ambiente de Lima; testimonio de Pezuela. En la vida de Pezuela, San Martín es la expresión del mayor peligro y su nombre, para el Virrey y para los cuadros limeños oficiales, es sinónimo de anarquía y destrucción. Hablar en Lima de la "Expedición" es - lógicamente - para fieles y aúlicos, motivo de zozobra y de posible congoja. Al estudiar, día por día, el Diario del Virrey y al confrontar cronoló– gicamente sus informes, aparece, lentamente, dicho no sin dolor mas con convi– ción de triunfo, desde la posibilidad de organización hasta la evidencia del des– embarco de la Expedición Libertadora. En el primer año de su gobierno, a finales de 1816, son varias las no– tas del Virrey que se refieren a San Martín, situación de las fuerzas en Men– doza, posibilidad del avance a Chile, necesidad de confundirlo en sus objeti– vos militares etc. Días antes de la partida de las fuerzas que Pezuela manda a Chile, lle– gana Lima embarcaciones extranjeras que inquietan al gobierno. La Británica "Anfión se me hizo muy sospechosa, porque justamente me hallaba preparando la Expedición contra Chile, y su Comandante al entre– garme un pliego que traía del caudillo insurgente San Martín, en que me avi– saba el enbío a bordo de ella de D. Domingo de Torres, Sargento Mayor de sus tropas, en clase de parlamentario, con el pretesto de cange de prisioneros" (sic). (15; Pezuela impone que Torres viva en Lima, y nó en el barco co– mo deseaba, y que no regrese a Chile hasta quince días después de la salida de la Expedición. Luego expresa que "no dí contestación oficial para San Mar- (13) Pezuela, Joaquín de la. Ob. cit. p. 280. ( 14) No hay que olvidar en este análisis la preocupac1on del Virrey por ciertas expresiones de indisciplina en algunos cuerpos del Ejército Real. ( 15) ob. cit. p. 183-184.

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