Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

RAUL PORRAS BARRENECHEA 29 te, "por el feliz éxito de la reunión en Punchauca". Y San Martín, mucho más expresivo y abierto, formuló votos "Por la prosperidad de España y de Amé– rica". Obligado a hablar el general La Mar brindó "por la unión de los ejér– citos y por la independencia del Perú" tal como había sido planteada en Pun– chauca. Monet, mucho más entusiasta, se subió sobre la silla para hacer un brindis caluroso y exaltado. San Martín mismo, perdiendo su discreta grave– dad, abrazó efusivamente a Guido, al finalizar la comida. En todos los ánimos florecía la esperanza. Iniciada la noche el Virrey se despidió de San Martín probablemente para pernoctar en Huacoy. Ambos generales se abrazaron. La Serna regresó al siguiente dÍá a Lima y convocó una reunión de los oficiales de su ejército. Los bellos entusiasmos y lirismos, la música fraternal de Punchauca se habían disipado o apaciguado. El círculo militar de La Serna se opuso al proyecto. Valdés y Camba fueron comisionados para entrevistarse con San Martín y trasmitirle la respuesta del Virrey. Esta rechazaba la idea de la independen– cia del Perú, aceptaba la formación de una Junta e insistía en la idea del ar– misticio. El Virrey proponía que el ejército Libertacior se quedara en el nor– te del Perú, teniendo como límite el río Chancay y el español al sur de este mismo río y que ambos generales, San Martín y La Serna, marcharan juntos a España a proponer sus planes al Rey. Entretanto el armisticio provisional por veinte días se prorrogaba y San Martín consintió en dejar entrar víveres a Lima para socorro del pueblo. Estaba halagando el sentimiento popular de la ciudad ambicionada. Las conferencias continuaron en el pueblo de Mira– flores y a bordo de la fragata Cleopatra, sin resultado. El Virrey preparaba sus fuerzas para evacuar Lima y Arenales evolucionaba en la sierra, a fin de conseguir buenas posiciones para el caso de un largo armisticio. La actitud de ambos caudillos -La Serna y San Martín- en esta úl– tima etapa de las negociaciones de Punchauca está pefectamente caracteriza– da en algunas frases que ha guardado la tradición. En la entrevista entre los españoles Valdés y Camba y San Martín, a bordo de un buque en el Callao, éste dijo a aquellos que sentía grandemente su obstinación po~que "dentro de poco no tendrían los españoles más recurso que tirarse un pistoletazo". Y en otras ocasiones afirmó que esperaba la rendición de Lima que iba a caer en sus manos "como una espiga madura". La Serna también tuvo una contesta– ción elegante e irónica para el Cabildo de Lima que le solicitaba, dirigido por criollos, la capitulación de la ciudad, diciéndole que "en la guerra sucede como en el juego" que el que gana continúa jugando para aumentar su bien, pero el que pierde .no quiere dejar el juego porque espera volver a ganar lo que ha perdido" y la fortuna suele ofrecer cambios muy radicales. La posición sanmartiniana. Las conferencias de Punchauca han sido diversamente juzgadas por los historiadores. Muchos dudan de la sinceridad de los propósitos de ambos caudillos, empeñados en ganar tiempo y mejorar posiciones, y consideran la

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