Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
RAUL PORRAS BARRENECHEA 27 neral argentino parecía mucho más joven que el realista. La Serna contaba en– tonces 51 años y San Martín 43, pero el uno llevaba sobre sí la fatiga de la derrota y el otro se hallaba en la culminación del triunfo. Después del abrazo histórico de los dos generales enemigos el cortejo se esparció por las salas de la casa, departiéndose cada vez más amistosamen– te entre unos y otros. La Serna y San Martín, conferenciaban solos en el sa– lón principal. Afuera, en el corredor exterior, Las Heras y Necochea conocían a próximos terribles contendores, Canterac y Monet. Guido, futuro historiador, charlaba acaso con García Camba el memorialista algo intransigente de las ar– mas españolas en el Perú. Y los diplomáticos, García del Río y Paroissien, ace– charían al discreto general La Mar deseosos de obtener de sus labios alguna con– firmación de las noticias que ya tenían de su adhesión íntima a la causa de la patria. Abreu, en pleno delirio de cordialidad, ambu~aría entre los circunstan– tes que lo harían, según García Camba, el objeto de sus bromas y burlas. A las conversaciones aisladas sucedieron las conferencias oficiales y protocolarias. Las dos delegacionees se reunieron solemne y oficialmente en el salón de la casa. La Serna, ya despojado de su cubrepolvo, ostentaba el uni– forme de Capitán General y llevaba cruzada al pecho la banda carmesí, dis– tintivo de los Virreyes del Perú. Alrededor de la mesa brillaban los entorcha– dos y condecoraciones de los generales españoles y la juvenil arrogancia de los patriotas. San Martín inició la solemnidad pronunciando un discurso lle– no de emoción y de generosidad, que se inició con una franca alabanza del Vi– rrey: "General: Considero este día como uno de los más felices de mi vi– da. He venido desde las márgenes del Plata ,no a derramar sangre, sino a fundar la libertad y los derechos de que la misma metrópo– poli ha hecho alarde al proclamar la Constitución del año 12 que Vuestra Excelencia y sus generales defendieron". Después de exaltar así el liberalismo del Virrey y de su bando con gran habilidad diplomática, San Martín apeló a sus sentimientos de huma– nidad y de dignidad cívica para que reconocieran la justicia de la causa ame– ricana: "Los liberales del mundo son hermanos en todas partes" -les di– jo-- y agregó: "Los comisionados de V. E. entendiépdose con los míos han arribado a convenir en que la independencia del Perú no es inconciliable con los mán grandes intereses de España y que al ceder a la opinión declarada de los pueblos de América contra toda la dominación extraña harían a su patria un señalado servicio si fraternizando con un sentimiento indomable evitan una guerra inútil y abren las puertas a una reconciliación decorosa'·'. El tono de la arenga sanmartiniana se hizo más noble y emocionante cuando aludió al valor militar de los españoles, que reconoció con paladina
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