Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

144 MAR DEL SUR nal, como Sarmiento, por ejemplo. No pier– cie tampoco la esperanza de retornar a su Patria, lo intenta una vez, pero sólo para llegar frente a Buenos Aires y regresar des– ilusionado por las luchas civiles, rechazan– do antes, el ofrecimiento del Gobierno que lf: hace Lavalle, alegando que su espada nunca sería puesta al servicio de una lucha fratricida. A su regreso de América va a Inglaterra, luego a Bruselas y finalmente a París. La revolución francesa de 1948, ha– ce que en vía de seguridad se radique en Boulogne-sur-mer, lugar en el que fallece el 17 de Agosto de 1850. Esperamos que la valiosa elaboración his– tórica de Ibarguren, que incrementa la vasta producción bibliográfica sobre el in– mortal Libertador argentino, en tan inme– jorable oportunidad, habrá de ser leida con avidez por el público lector que ya ha dis– pensado merecida acogida a sus anteriores producciones históricas y literarias. R. R. S. JAIME DELGADO, La Independencia de América en la Pz·ensa Española. Seminario de Problemas Hispanomericanos. Cuadernos de Monografías. Madrid, 1949. 318 pp. Es frecuente y auténtica la vocación ame– ricanista en las nuevas generaciones de his– toriadores españoles, a una de las cuales -a la más reciente-- pertenece Jaime Delgado, quien dedica su preferente inves– tigación a los temas de la independencia americana. Su libro es la primera expos1c1on que in– tenta un estudio orgánico del periodismo español frente a la guerra de América, pues, desde la monografía de Fernández Alma– gro --que utiliza algunos periódicos- na– da se realiza sobre la opinión de la prensa en el caso de la lucha emancipadora. A la novedad de las Fuentes originali– dad de los periódicos, agrégase objetivi– dad y precisión en los juicios esenciales del trabajo. Desde el punto de vista técnico, Delga– do explica que selecciona los periódicos principale~ y que no persigue un estudio exhaustivo de los mismos. El trabajo se divide en función de las etapas determi– nadas por el hecho americano o por la ac– titud del gobierno frente a la libertad de imprenta. La Primera Noticia Oficial provoca las reflexiones iniciales; la Gaceta Extraordi– naria de la Regencia, del miércoles 8 de Agosto de 1810, se refiere al "Suceso de Caracas"; teme que las noticias de la Me– trópoli "Exageradas por la distancia y per– vertidas por la malignidad, podían inducir a aquellos naturales a desesperar de la sa– lud del Estado . . . . Su lealtad sin embar– go ha resistido a esta prueba, y sólo en Caracas unos pocos facciosos, ya conocidos por su carácter inquieto y turbulento ... ". Temor frente a un posible engaño, creen– cia en la disposición favorable de los ame– ricanos, consideración subalterna para to– dos los "revoltosos'' y seguridad en la per– manencia de la unidad española, son las notas típicas de la primera reacción del periódico. Aun no se vislumbra la hondura espiritual del problema americano. Las actitudes de El Español, londinense, Y de El Observador, gaditano, ambos de 1810, ofrecen la visión de dos posiciones su– mamente interesantes; aquél, con un criterio objetivo, quiere unir la subsistencia del Im– pe,rio con la justicia del anhelo reformista y autónomo de América; El Observador en cambio, exige una reacción gallarda, comba– tiva, intransigente: en cierta forma no ad– rr.ite el debate. En 1811, la Gaceta subraya la necesidad de la unión y mantiene, como es lógico, la tesis oficial. El Telégrafo Americano -y luego Mexi– cano- de Juan López Cancelada, Cádiz, 1811 - 1813, observa primero una actitud beligerante, mas luego reconoce la nece– sidad de la solución práctica. El Conciso se obstina en defender el fidelismo y refleja el pensamiento liberal, en tanto que la Ga– ceta Oficial y el Procurador General de la Nación y del Rey -del primer momento absolutista- atacan la ideologÍa toleran– te como base de los desastres de América. El Universal y La Miscelánea, 1820 - 1823, sostienen el debate entre la intransigencia y cierta posible comprensión. Son múltiples y sugerentes los proble– mas que fluyen de los periódicos que es– tudia Delgado. El primero, que requiere muy honda meditación, está en la actitud de absolutistas y liberales ante el asunto de América. Estos, con sus reformas, coadyu– van -en muchos casos sin saberlo- a la causa de la libertad, mas no alcanzan la visión completa de lo americano; interesa observar que ellos hablan del "despotismo" anterior y creen que con las reformas pe– ninsulares no tiene sentido la autonomía americana; son los utópicos del liberalismo. E::i cambio, los absolutistas, en su invaria– ble visión beligerante, no admiten la posibi– Hdad del diálogo -por lo menos en la pri– mera época- y observan -no sin razón– la consecuencia del motín liberal de Riego. Empero, salvo brevísimos e intrascendentes momentos de realismo, unos y otros, a pe– sar de la honda distancia doctrinaria que los separa, hállanse unidos en la incom– prensión de América.

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