Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
DELFIN L. GARASA 107 "Con días y ollas venceremos" es el título de la primera tradición pro– tagonizada por San Martín. Su asunto fuéle referido a Palma por el amanuen– se de San Martín y por algunos veteranos que llegó a consultar personalmente. El historiador Mariano Pelliza confirma en una somera referencia la tradición oral. "Con días y ollas venceremos" era el santo y seña del ejército libertador pocos días antes de la retirada del Virrey La Serna y la consiguiente entrada de San Martín en Lima. La frasecilla fué por unos tildada de antojadiza y por otros de ridícula. Fuera de algunos allegados al general, nadie columbró su sentido recóndito ni el hecho a que aludía. He aquí el episodio. Algunas car– tas de San Martín a miembros de lo que hoy llamaríamos su quinta columna en Lima habían sido interceptadas. Por fuerza esto comprometía el éxito de la causa y amagaba echar por tierra el propósito capital del general: entrar en la ciudad pacíficamente, sin pérdida de hombres ni proyectiles. Cavilando sobre cómo salvar este escollo discurrió un medio eficaz y no arriesgado en de– masía. Un indio viejo de Huaura, de oficio alfarero y fervoroso insurgente, que iba semanalmente a Lima a vender sus vasijas, modeló una olla con doble fon– do muy bien disimulado, donde San l\1artín metiera sus mensajes. Nadie lle– gaba a sospechar de aquel pobre indio que no oponía resistencia a los regis– tradores y gritaba "¡Viva Fernando VII!" cuantas veces se lo pidiesen. El des– tinatario era el sacerdote Francisco Javier de Luna Pizarra. Su mayordomo compraba al indio una olla de barro y al día siguiente, pretextando desperfec– tos, la cambiaba por otra. Aquí se detiene Palma en añoranzas sobre los ven– dedores limeños que otrora voceaban sus mercancías a voz en cuello y cuyo pa– so indicaba la hora con más exactitud que muchos relojes actuales. El los alcan– zó a conocer en sus años infantiles y ahora lamenta su paulatina, pero ineluc– table extinción, que despoja a su Lima de tanto sabor y colorido. El negrito Manzanares -mayordomo de Luna Pizarro---, para alejar sospechas, acompañaba la cotidiana devolución de la olla con una lluvia de dicterios de todo jaez, sobre el pobre indio, tratándolo entre otras cosas de pillo y ladrón. Pero al extremar los medios de disimulo, se hace ostensible lo que se desea ocultar. Esto le pasó al negrito mayordomo. Semejantes tremolinas por una olla de barro venían llamando la atención de un barbero andaluz de la vecindad, hasta que un buen día no aguantó más y reprochó a Manzanares su mal genio y cicatería. El mayordomo de pocas pulgas insultó a su vez al bar– bero entrometido en términos que apuntaban filiaciones políticas. Lo llamó: "so adefesio en misa de una" y también "so godo de cuernos" y "so chapetón embreado" y otras lindezas por el estilo. El barbero echó mano a un puñal y corrió al negro que si no se refugia en casa de su amo, no cuenta el cuento. Tal altercado pudo costar caro a la causa libertadora, pero aquel fué precisa– mente el último mensaje, pues al día siguiente abandonaba el Virrey la capital peruana. Cuando San Martín recibió las primeras cartas de Lima por tan inusi– tado conducto, fraguó el santo y seña: "Con días y ollas venceremos", que no era una humorada inconsistente, sino que, como la olla estafeta, tenía su fon– do secreto.
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