Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

96 MAR DEL SUR prender la actitud de los Criollos, privilegiados pero postergados en sus de– seos de ocupar los más altos cargos virreinales, y expresan una aprobación entusiasta ante cambio tan radical. La Universidad de San Marcos ve con su– perlativo gozo --dice Figuerola- la independencia de América y rinde su más grande homenaje "al Genio de la libertad"; aunque juicios más dignos de su gloria -afirma con penetración- se los otorgaría la posteridad, capaz de ver lo que de inmediato no era todavía perceptible. Además, los que hablaron "el lenguaje del cautiverio", acostumbrados a loas y genuflexiones, no alcanzaban a expresar aun el valor de la libertad. Desde que los grandes oradores de los tiempos clásicos desaparecieron, sólo quedaron discurseadores tímidos, sin la elocuencia de los Demóstenes y de los Tulios. La elocuencia americana, de hom– bres sometidos, sólo buscó la pompa y la lisonja rebuscadas y monstruosas. Y haciendo más patético su discurso, dice Figuerola: 'Desde el asiento en que me escucha V. E. oían nuestros virreyes sus alabanzas", tan exageradas que terminaban por descubrir, precisamente, la escasísima importancia del home– najeado. Pero, en esta novísima época, hacer el elogio de un hombre con mé– ritos superlativos, "del Washington de esta América", era empresa difícil, jus– ta y no acostumbrada. La mayor parte de las veces, los Elogios habían sido dedicados a personas elevadas por la fortuna, o por el nacimiento, o por otros motivos no declarables. Ahora, debía alabarse al hombre que por derecho de– bía ser alabado sin herir su proverbial modestia. El disertante invoca, con pa– tético acento, la sombra de sus cautivos antepasados y ruega al Supremo Hacedor que nuestra América no sea jamás otra vez invadida y conquistada; sin desfalle– cimientos "que sea amiga de todos los pueblos, pero enemiga de toda opre– sión". El Doctor Sanmarquino proclama el nacimiento de una época novísi– ma, donde la gloria, la libertad, la abundancia, el decoro y fa representación política de los pueblos triunfan de sus opuestos aspectos, para gloria de la dig– nidad humana. Las hazañas del Libertador San Martín tenían, por otra parte, el mé– rito sobresaliente de haber sido hechas por el hijo, nacido en América, de un militar español. Debió pues sobreponerse a los lazos familiares y elevarse has– ta los altos intereses de la humanidad; emancipar pueblos para bien del gé– nero humano, aunque sufriese personales dolores o contradijera inclinacio– nes muy particulares. Todo esto constituía un supremo y callado sacri– ficio, que señala los clásicos contornos de héroe auténtico del Protector argen– tino. Pues, muy fuertes debían ser los lazos e inclinaciones de un hombre co– mo San Martín, que a los vínculos de su sangre europea unió una educación en Colegios privilegiados de la Metrópoli, luego sirvió en su ejército y puso su valor al servicio de la defensa de España contra la avasalladora invasión francesa, capitaneada por un gran hombre que aspiraba a la monarquía univer– sal, pisoteando el respetable derecho de otros pueblos. Así se fué moldeando su carácter, por el contacto con hechos notables y hombres hazañosos. La Espa– ña grande en otros tiempos había venido a menos, por culpa de Reyes holga– zanes. Pero el pueblo español abatido reacciona, y el mundo contempla ató– nito una epopeya magna entre un afortunado conquistador y un pueblo vigo-

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