Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

DANIEL VALCARCEL 97 roso. Tan sublime espectáculo hizo que América no aprovechase el momento, no se acordase de sus intereses, sino que atendiese únicamente a ayudar a la Madre patria, olvidando todas sus intemperancias y sus abusos. Muchos fue– ron los Americanos que se hicieron dignos de la admiración y del agradeci– miento de la Metrópoli. Pero este fué un rasgo de nobleza también olvidado con rapidez. Y comenzaron los dominadores de otros tiempos, libres del peli– gro francés, a pretender remachar las antiguas cadenas. Lo inevitable tuvo que venir por tan flagrante ingratitud. Sintetizando su pensamiento, el disertante exclama: "Ah nosotros no nos hemos desprendido de la España: la España se ha desprendido de nosotros". De todo esto fué espectador y actor el general San Martín, y todo lo ha comprendido. U na nueva vida empieza en la América; todo aparece "animado, todo aparece con nuevo ser y enerjía", al conjuro de la "dignidad de los hombres, hollada por tres siglos". Todavía los opresores intentaron pedir a sus esclavi– zados hombres que se armasen para defender su centenaria sumisión, con in– sensata terquedad. El choque ha producido ruinas y desolación en nuestros pueblos; pero también es el comienzo de la completa liberación, "tomando nue– vas fuerzas en sus caídas, cual Anteo, que surgía más robusto, cuantas más ve– ces era arrojado en tierra por el hijo de Júpiter, o cual el Fénix, que muere para recobrar una vida más perfecta, no siendo sus cenizas patrimonio del se– pulcro, sino elementos de mejor existencia". ¡El gran hombre está protegido siempre por un designio providencial! Por eso, en las luchas en que ha intervenido San Martín lo acompaña un hado favorable, pues su vida estaba destinada a grandes hechos. Así, cuando en San Lorenzo una bala abate al caballo del Protector y un soldado español va a matarlo, "un granadero gene!"oso no queriendo sobrevivir a la muerte de su jefe, vuela en las alas de su amor, patriotismo _y fidelidad, matando al que se gloriaba ya en la muerte de V. E., cubriéndose de gloria, salva al apoyo de la Patria". Y mientras allí la victoria sonreía, en Vilcapugio la sombría derro– ta asomaba su rostro. Las luchas intestinas surgen y San Martín se retira a restablecerse a Córdoba; luego, destinado a Cuyo, tomará ímpetu nuevo por Chile, donde la llama de la rebeldía estuvo siempre encendida, y traerá la vic– toria y la libertad al Perú. Toca en el puerto de Pisco y tremola la bandera de la libertad, y a su conjuro todo cae. Los pueblos desde Guayaquil se levan– tan, siendo Lambayeque el primero que lo hace y da el ejemplo. Casi de in– mediato, Trujillo como en los tiempos antiguos, cuando el gran Chimú comba– tió con Inca Yupanqui "hasta desbaratarlo, y poner en peligro su potencia", prueba que siempre rechazó toda dominación extranjera. San Martín no po– día escribir, como César, "llegué, vi y vencí; sino, llegué, y la noticia de mi lle– gada hizo volar á los pueblos á abrigarse á la sombra de mis banderas"; y Pe– zuela es derribado. La Serna aparece como un vano intento de detener la na– ve que ha perdido ya el rumbo en la incontenible borrasca. Lima espera y aclama a los vencedores y redentores que acaban de romper sus cadenas, y proclama la independencia con palabras sublimes que las generaciones poste– riores recordarán siempre: Brota una época nueva de fomento de instituciones

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