Literatura, imaginación y silencio
68 la convivencia y, a veces, superposición de distintos pactos). Pero desde el lugar de quienes somos media- dores y mediadoras, si subestimamos los saberes so- bre las diferencias genéricas en el análisis de los textos y las lecturas, nos perdemos el enriquecimiento en la percepción de matices en los pactos con los géneros cuando los lectores y lectoras construyen significados. Por otra parte, al hablar de «fantasía» en oposición a la palabra «realidad» pareciera que el género realista es confundido con el mundo real; se «desficcionali- za». Los relatos realistas suelen ser explicados como «lo real», sin reconocer así que existe un verosímil realista a partir de la construcción de efectos, con- venciones específicas, tal como plantea Barthes en El efecto de realidad . Si pensamos la lectura como un acto de cocreación y nos posicionamos desde el lugar de quienes leen como coautores de lo leído, ¿los lectores y lectoras es- tablecerán escalas en lo que se considera ficcional? En relación con la representación de los signos visuales, en retórica de la imagen se habla de «grados de iconi- cidad» (que tienen que ver con los grados de parecido de las imágenes a sus referentes, sean reales o no): ¿se podrá pensar en «grados de ficcionalidad» en la per- cepción de los lectores y lectoras (pensando la lectura en un amplio sentido que incluye a lo escrito)? ¿Ha-
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