Literatura, imaginación y silencio
65 ¿Por qué cruzar estos dos ejemplos tan disímiles en lo que respecta a los circuitos de comunicación estéti- ca con posibles públicos (que más allá de las prácticas más habituales podrían participar y enriquecerse con sendas propuestas)? Ambos objetos culturales pare- cen interpelar a quienes somos receptores, buscan- do provocar, intranquilizar por medio de distintas trampas a la tendencia a sumergirnos y diluirnos sin cuestionar el carácter de artefacto construido de cada objeto, sea una instalación o un libro publicado por editoriales que se dedican a la literatura infantil. En el libro álbum, esta provocación suma una actitud lúdica y humorística, como suele suceder en diversas propuestas metaficcionales que se editan para las in- fancias. El problema de la verdad puede suscitar interro- gantes no solo en las personas adultas y jóvenes como receptores de diversas ficciones, entre ellas, las lite- rarias. También inquieta especialmente a los niños y niñas que, aunque pacten con la ficción, a menudo se preguntan sobre su relación con la realidad y lo verdadero. Pareciera que ellos, más que nadie, reco- nocieran lo que Juan José Saer, en El concepto de fic- ción , señala como «el carácter doble de la ficción, que mezcla, de un modo inevitable, lo empírico y lo ima- ginario» (2004). Algunos autores y autoras que suelen
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