Literatura, imaginación y silencio
53 tenía experiencia en compartir la lectura de libros con palabras. Finalmente, decidió que leería el título mos- trando la tapa y luego se arriesgaría (así lo sintió) a callar al ir pasando las imágenes para dar lugar a que los chicos y chicas intervinieran. Ni bien comenzó a mostrar la primera doble página sin hablar, un nene la interrumpió diciendo: «¡Seño! ¡No dice!». Tanto a Nazarena como a mí nos pareció luminosa y elocuente la síntesis de esa reacción: el «no dice» era atribuible tanto a ella como mediadora como al libro sin palabras escritas. Los chi- cos y chicas, habituados a la voz de las personas adultas leyéndoles, vivieron con extrañamiento el comienzo de esta situación inédita y enseguida comenzaron a dialo- gar con el libro y con la maestra, volviéndose intérpretes activos de lo dicho por medio de imágenes y jugando al juego del libro, como lúdicos intérpretes de un encuen- tro desafiante entre una niña y un mar. Se trató de una situación en la que la democratización de las voces en el acto de lectura fue sugerida por esta practicante a partir de una propuesta estética silenciosa. «Silenciografía» y mediaciones: los silencios como modo de aprender sobre el arte «No hay verdadero silencio si no es compartido» le dice Calipso a Ulises en Diálogos con Leucó , de Cesare Pavese.
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