Literatura, imaginación y silencio

52 gría la manera festiva en que unos chicas y chicas de una sala de cinco, acostumbrados a callarse, dieron la bienvenida a la consigna de unas practicantes (futuras maestras de nivel inicial) que proponían ir comentando —o sea, interrumpiendo— la lectura de un libro álbum en su transcurso. No se trataría en este caso de dejar de lado el silencio (aunque sí esa modalidad monolítica y monológica), sino de darle otros sentidos con la poli- fonía de decires y callares que habitan en toda lectura. La lectura en voz alta de un texto literario —tan cargada de rituales o de momentos fijos pautados por algunas posturas metodológicas que a veces son respe- tadas a ultranza como dogmas— puede devenir en una experiencia en la que se arriesga con azares, otras respi- raciones y otros modos de pensar el lugar de los lectores y lectoras en la construcción de significados. En una práctica de lectura con chicos y chicas de salas de cuatro y cinco para el trabajo final del Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil de la Ciudad de Buenos Aires que tuvo lugar entre 2002 y 2011 , una maestra de nivel inicial, Nazarena, había elegido el libro de imá- genes sin palabras (escritas) La ola , de Suzy Lee. En el registro que escribió acerca de esta experiencia comenta- ba que le inquietaba no saber cómo leerlo, o sea, cómo llevar adelante el acto físico e interactivo de leer con los chicos y chicas un libro sin texto escrito ya que solo

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