Literatura, imaginación y silencio
51 proclive al vértigo de diversos actos de habla en el ámbi- to escolar, por la manera en que sus silencios ponían en evidencia la verborragia imperante, por la libertad que puede ejercer un lector o lectora al hacer su interpreta- ción de un texto sin someterse a sujeciones culturales e institucionales o de tradiciones de lectura poética en voz alta en contextos educativos. Al diseñar y dar voz y silencio a otras formas del tiempo, lo callado (una de las manifestaciones de la forma en el poema) se volvía protagónico, también la apertura a lo inesperado que conlleva el desafío de dar cauce al no decir. En situaciones de lectura en contextos de escolari- dad inicial o primaria, las formas del silencio no siempre encuentran ocasiones para el riesgo. Una práctica pro- veniente de una tradición de lectura escolar que sigue siendo frecuente es que mientras el docente o la docente lee, los alumnos y alumnas callan. El silencio está previs- to y muchas veces ritualizado con gestos y enunciados que pueden ser simpáticos, o todo lo contrario, y que preceden a la lectura en voz alta. Es usual escuchar «Ca- lladitos mientras yo leo», con gestos o cantitos invitan- do a cerrar la boca y no interrumpir. En estas decisiones, tanto el texto literario como el acto de leerlo están pues- tos en un lugar sagrado, intocable y las interrupciones son consideradas como atentando contra la supuesta aura intangible que los caracterizaría. Recuerdo con ale-
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