Ley y justicia en el Oncenio de Leguía

funcionamiento normal de los poderes públicos y la administración imparcial, oportuna y eficaz de la justicia. La fuerza debe ceder. El poder sólo existe cuando el imperio de la ley es efectivo. Se altera no solo cuando los gobernados la quebrantan, sino cuando los gobernantes la atropellan. La paz resulta de la obediencia a la ley, por la adhesión sincera e incondicional a sus mandatos y a la confianza en que son lealmente cumplidos. La corte Suprema entiende que no puede perdurar esta situación, y que el cuerpo legislativo, en ejercicio de las atribuciones políticas que le corresponden, debe ponerle término inmediato, reparando los agravios hechos al Poder Judicial, asegurando la eficacia de sus resoluciones y restaurando el imperio soberano de la ley334. Más de una vez la Corte Suprema lamentó la posición asumida por el gobierno, desatándose una virtual guerra de oficios y comunicados entre uno y otro poder del Estado335. 141

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