Las tumbas de Macchu Picchu

le ofreció la biblia a Atahualpa, exigiéndole que se convirtiera al cristianismo. Según algunas versiones, Atahualpa la rechazó, dándoles a los fanatizados españoles razón suficiente para atacar. Según otras, anunció que los mataría, con lo cual obtuvo el mismo resultado 111 . Los soldados españoles se abalanzaron desde los flancos y masacraron al gentío. El mismo Pizarro prendió a Atahualpa en su litera. Atahualpa entregó un vasto rescate —un cuarto repleto de oro y dos de plata— pero los españoles lo acusaron de ser un gobernante injusto y de estar complotando una rebelión, y lo ejecutaron. Los conquistadores decían haber liberado el imperio y nombraron como sucesor a uno de los agradecidos hermanos de Atahualpa. Este hermano enfermó y murió al poco tiempo, pero los españoles encontraron a otro que serviría como figura simbólica, un chico de veinte años llamado Manco. En el Cusco, los españoles vieron con asombro y horror cómo a la «coronación» de Manco se aparecieron incas tanto vivos como muertos, ya que las momias del padre de Manco y otros grandes incas fueron portadas en andas detrás del joven heredero. Para despecho de los españoles, el títere cortaría sus cuerdas. Manco era un feroz guerrero que había realizado sus propias conquistas en la selva, y rápidamente se percató de las intenciones de los españoles. Después de saquear los templos incaicos, Gonzalo Pizarro aprehendió a Cura Ocllo, la coya de Manco, es decir, su esposa principal y hermana. Para 1535 circulaban historias de que los conquistadores golpeaban, decapitaban y violaban a indios e indias en todo el reino. En una reunión secreta con los más altos funcionarios, generales y sacerdotes del imperio moribundo, Manco hizo una lista de las muchas quejas contra los españoles. «[S]u codicia ha sido tanta que no han dejando templo ni palacio que no han robado, mas no les hartarán aunque todas las nieves se vuelvan oro y plata», manifestó. Los españoles incluso quemaban vivos a algunos incas. Un acto particularmente cruel, «porque las ánimas se quemen con los cuerpos y no puedan ir a gozar del cielo». Manco arrojó el guante: «paréceme que no será cosa justa y honesta que tal consintamos, sino que procuremos con toda determinación de morir sin quedar ninguno, o matar a estos enemigos nuestros tan crueles» 112 . Teniendo espías por todos lados, no pasó mucho tiempo antes de que los Pizarro se enteraran del plan de Manco. Enmarrocaron a Manco y torturaron y violaron a sus mujeres en su presencia. Estos abusos lo 88

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