Las tumbas de Macchu Picchu

Cuando desapareció el sol, los hombres buscaron refugio apresuradamente. Estaban a 3000 metros de altura, y les esperaba una noche fría y húmeda. En su emoción por llegar, los yanquis se habían alejado imprudentemente de sus porteadores quechuas. Sus carpas, frazadas, comida y ropa abrigadora no llegarían sino hasta la siguiente mañana. Los peruanos se hicieron cargo, llevando a los estadounidenses a una pequeña choza con techo de paja. Los cuatro se acurrucaron juntos con tan solo una carpa ligera y pasto seco como aislante. Hiram intentó dormir, pero hacía mucho frío y había demasiada humedad, de manera que se dedicó a tiritar mientras pensaba en los palacios, prisiones y jardines que exploraría a la luz del día. Acá, en el techo del hemisferio, sus últimos carámbanos de indiferencia hacia la historia nativa se hicieron pedazos. Cuando los porteadores emergieron penosamente de las nubes en la mañana del día siguiente, los estadounidenses se pusieron ropa seca y se empezaron a trabajar. Durante los siguientes días trabajaron y durmieron bajo lluvia casi constante, pero sus espíritus se mantuvieron inquebrantables. Este era el primer encuentro de Bingham y Hay con la arqueología, y su mezcla de trabajo físico y detectivesco les pareció cautivante. Bingham tenía consigo un ejemplar de Hints to Travelers de la Royal Geographic Society, que señalaba lo que un explorador debía hacer al encontrarse con ruinas. Edificio por edificio, Bingham y Hay midieron y fotografiaron lo que el teniente Cáceres y los peruanos habían descubierto en su visita previa. Empezaron en el punto más meridional de la cadena, donde un parapeto y dos edificios sin ventanas se inclinaban hacia el vacío como si fueran nidos de cuervos. Los incas habían aplanado la cumbre del cerro, y Bingham especulaba que lo usaban para fogatas de alarma que alertaban al Cusco de la aproximación de enemigos provenientes de la selva del Amazonas. De la cima se bajaba a un collado plano y a los numerosos y elegantes edificios del sitio. Había una pared larga y alta, una estructura grande de un solo piso y numerosas puertas que probablemente era un salón de reuniones, y un bloque de casas de dos pisos con hastiales. Un canal de agua vinculaba un par de bien pavimentados tanques a lo que parecía un baño o fuente. El trabajo en piedra era «rudo e irregular» en comparación con el Cusco, pero las puertas trapezoidales de triple jamba y numerosos nichos —algunos todavía cubiertos con estuco— sugerían que el sitio tenía un propósito ceremonial; tales elementos arquitectónicos 81

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