Las tumbas de Macchu Picchu

conquistando a los incas. Un líder llamado Pachacútec —cuyo nombre en quechua significa «sacudidor de la tierra» o «cambiador del mundo»— los expulsó, con lo que expandió el territorio Inca significativamente más allá de su perímetro defensivo 91 . Bajo Pachacútec, los incas se expandieron por todos los Andes. Gran arquitecto y estadista, marcó sus conquistas con nuevas fortalezas y estructuras religiosas unidas por caminos y almacenes. Las etnias que resistían eran brutalmente derrotadas y reubicadas. Siempre y cuando accedieran a hablar quechua y a adorar al sol —cuyo avatar en tierra era, muy convenientemente, el Emperador mismo— recibían buen trato. A diferencia de sus predecesores en Mesoamérica, los olmecas y los mayas, los incas no desarrollaron la escritura, pero sus cuerdas anudadas conocidas como quipus contabilizaban sus bienes y cronogramas. El imperio era muy estratificado, pero los incas recolectaban y organizaban la mano de obra, comida y bienes de una manera que luego sería comparada, quizá de manera exagerada, con un socialismo agrario. Tras la muerte de Pachacútec, sus herederos prosiguieron sus ambiciones. La sucesión incaica era perfecta para la continua expansión: el heredero del emperador recibía su título, pero no sus tierras o palacios, lo cual estimuló sucesivas conquistas en los Andes 92 . Cuando los españoles llegaron, el Tahuantinsuyu, o la tierra de cuatro cuartos o suyos, tenía 4000 kilómetros de largo. El cuarto noroccidental, Chinchaysuyu, se extendía hasta la Colombia actual; el suroccidental Cuntisuyu se extendía hasta Chile; el Collasuyu se extendía hacia el sureste por Bolivia y el norte de Argentina; y hacia el noreste estaba el misterioso Antisuyu, donde las pendientes orientales de los Andes se mezclaban con la selva del Amazonas. Era un reino más grande que cualquier otro en el planeta en ese momento, o como sugirió el periodista Charles C. Mann, era «como si una sola potencia gobernara desde San Petersburgo hasta el Cairo» 93 . Mientras el poder incaico se extendía hacia afuera, la riqueza fluía hacia adentro. Los incas consideraban que el oro y la plata eran sagrados y usaban «el sudor del sol y las lágrimas de la luna» en el Cusco, la capital sagrada del Imperio. Cada emperador construía un palacio de piedra donde residiría su momia, que era cubierta de oro después de la muerte del Inca. Cubrían su plaza con conchas de mar y pequeñas representaciones de llamas de oro y plata. El agua potable de la ciudad era distribuida a través 69

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