Las tumbas de Macchu Picchu

Augusto B. Leguía promulgó una serie de leyes laborales que prohibieron a las autoridades gubernamentales exigir trabajo gratuito de los indígenas y decretó que nadie estaba «obligado» a trabajar en las minas. Independientemente de la efectividad de estas leyes, la intelectualidad del país celebró sus raíces andinas y su noble «raza quechua», buscando documentar los abusos a los cuales estaban sometidos los indígenas rurales, criticando asimismo el eurocentrismo de Lima, cuya mirada se dirigía hacia el exterior. Lo que es más importante, idolatraban la todavía habitada ciudad andina y precolombina hacia la que se dirigía el tren de Bingham: Cusco, o tal como tradujo el cronista Inca Garcilaso de la Vega, «el ombligo del mundo» 89 . Hiram despertó el 28 de enero de 1909 en el pueblo de Checcacupe. Agotado, conoció a quien sería su compañero de viajes en el último trecho de su épico viaje a través de los Andes. Su nombre era Clarence Hay, tenía veinticuatro años y era el secretario de la delegación estadounidense en Chile. Su padre era John Hay, el Secretario de Estado de Estados Unidos quien falleció en 1905, después de ayudar a Roosevelt a hacer de Estados Unidos una potencia mundial. Mientras Clarence y Hiram conversaban, el tren llegó llegando al valle del Huatanay, a 3500 metros sobre el nivel del mar. Pendientes repletas de gruesos tallos de maíz y plantas azules y verdes de papa pasaron rápidamente; la tierra roja y piedras moradas resplandecían después de las lluvias. Bingham fue impactado por la calidad dorada de la luz y la aparente felicidad de la gente. Tal como ocurrió con los incas cuando llegaron al valle hacía siglos, Bingham estuvo encantado. Según el mito fundacional inca, sus antepasados establecieron el Cusco allí donde el legendario fundador Manco Cápac hundiera su vara en la tierra. Sobre esta vara, Manco Cápac construyó el Cusco y su templo del sol, el Ccoricancha 90 . Más allá de la leyenda, los académicos en 1909 creían que un pueblo megalítico de gran antigüedad, responsable de las más grandes obras de piedra de los Andes, había precedido o coexistido con los incas en el Cusco. Los académicos actuales reconocen la cualidad mítica de las historias incas y sugieren que estos llegaron al valle desde los alrededores del lago Titicaca en algún momento del siglo XII. Otras culturas habían prosperado en los Andes antes que ellos, pero los incas eran únicos. Alrededor de 1440, mientras España intentaba la reconquista de la Península Ibérica, los chancas, provenientes de un pueblo vecino, invadieron el Huatanay, casi 68

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