Bingham apuntó la anécdota, sin percatarse de su relevancia. Anne Meadows y Daniel Buck, un par de autores actuales, creen que los dos hombres muertos por los bolivianos habrían sido nada menos que los famosos asaltantes Robert LeRoy Parker y Harry Alonzo Longabaugh, también conocidos como Butch Cassidy y el Sundance Kid 83 . El par había estado viviendo en el área en esa época, y la historia de Bingham confirma los numerosos rumores sobre su muerte. Y en un giro aun más curioso, Bingham compró una de sus mulas. «Mientras su dueño anterior se beneficiaba de sus raudas patas y espléndidos pulmones, no pudo ser alcanzado por los soldados bolivianos», reflexionó luego el profesor, sin percatarse de su encuentro con otra leyenda americana. Hiram pronto pudo poner a prueba las «raudas patas» de la mula. En una posada rural a 3967 metros sobre el nivel del mar, a unos pocos kilómetros de la antigua ciudad argentífera de Potosí, Bingham sufrió un ataque brutal de soroche —mal de altura— y decidió ir en busca de un médico. El posadero quechua rechazó uno de los billetes de Bingham, alegando que era de un banco poco fiable. El rechazo indignó al estadounidense: «La idea de que un [quechua] servil se rehusara a recibir dinero legítimo era irritante, e hice mi mejor esfuerzo, a pesar de mi soroche, para obligarle a aceptarlo». Bingham intentó con otro billete, pero al temblar su mano de «frío o emoción», lo rompió. El indígena rechazó ese billete también; Bingham enrolló el primer billete, lo arrojó y escapó. El posadero corrió tras él, agarró sus bridas e intentó frenar su huida. Furioso, Bingham lo estrelló contra un muro hasta que se soltó. Bingham impenitentemente incluyó esta historia en su siguiente libro, «creía que nos seguiría con piedras o algo peor, pero como era un mero [quechua] aceptó lo inevitable y no lo volvimos a ver». Hiram prosiguió camino al Congreso Científico Panamericano en Santiago de Chile, donde reveló lo que había aprendido hasta entonces sobre la historia de Sudamérica. Declaró que los indígenas quechua hablantes eran una «raza atrasada», lo cual facilitaba comprender cómo los «valientes, intolerantes y corajudos» conquistadores habían derrotado a los incas. En contraste, los españoles habían logrado una «maravillosamente veloz conquista de América». Lo único que les hacía falta a sus herederos modernos era el «sentimiento de unidad racial» que había hecho posible a los Estados Unidos, dictaminó Bingham. Pero la comprensión histórica basada en las razas que proponía Bingham —y el sentido que le daba a la vida— estaban a punto de ser sacudidas. En 65
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