Las tumbas de Macchu Picchu

acercado aún al estándar que había impuesto su abuelo, cuya crónica de sus veinte años en Hawái había sido un bestseller, o al de su padre, quien, en terminología misionera, había «reducido» una lengua oral a la escritura para poder traducir la biblia. Se enfrentaban al mundo con palabras, espíritu y sudor, una energía que Hiram alguna vez poseyó pero que había perdido. ¿Qué había pasado con el chico que leía novelas baratas llenas de fugitivos y ciudades perdidas, que había intentado huir en barco y que coleccionaba conchas en las montañas de Hawái? ¿O incluso con el Hiram Bingham de hacía siete años, que había intentado enrolarse en los Rough Riders? Y así, no habiendo pasado ni ocho meses de su llegada a Princeton, Bingham empezó a planificar un viaje que simultáneamente satisfaría su sed de aventura y le daría la materia prima para establecerse como académico. Viajaría al Caribe y visitaría archivos en Panamá, Colombia y Venezuela para encontrar documentos para su largamente planeada biografía de Simón Bolívar, el héroe de la independencia sudamericana. Para acercar a las Américas y dar inicio a su carrera, Hiram le mostraría a Estados Unidos por qué la lucha de independencia de América Latina constituía un gran logro. Quizá habría procedido de no ser porque Alfreda terminó hospitalizada en Manhattan después del nacimiento de su cuarto hijo. Mientras convalecía, Hiram se alojó en el Yale Club, donde se codeaba con el mismo tipo de personas que lo habían menospreciado en la universidad. Entre estos risueños aristócratas se encontraba Hamilton Rice. Rice encarnaba todo aquello a lo que Hiram Bingham sentía que había renunciado por entrar al mundo del matrimonio y la academia: aventura, espíritu libre, carencia de obligaciones familiares, la habilidad de comprarse un boleto en un vapor sin pedirle permiso a su suegra. Rice también había tenido un origen privilegiado —era el nieto del gobernador de Massachusetts— y al igual que Bingham, se había graduado de la universidad en 1898, pero de Harvard. A diferencia de Bingham, tenía caudales propios, y después de la facultad de medicina, había viajado en barca desde las alturas de los Andes en Ecuador hasta los llanos del Brasil. En su camino había comido monos, disparado a jabalíes silvestres y sido testigo de la tremenda crueldad de la explotación cauchera, por la cual se esclavizaba a indígenas que proveían el insumo que amortiguaba la modernidad estadounidense y europea. Gracias a esta aventura Rice obtuvo una codiciada membresía en la Royal Geographic Society. 50

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