sus asesores. Para terminarlo, Hiram había copiado largos pasajes de otros trabajos, sin citarlos 56 . Hiram quería postular a un programa de doctorado en historia con una orientación que, tal como su tesis, vinculara el pasado de Estados Unidos con su presente. Su mentor, quien después sería miembro de la comisión estadounidense que gobernaba las Filipinas, tenía la respuesta: la América española. Era una propuesta radical, ya que la mayoría de historiadores norteamericanos de su época limitaban su interés a Estados Unidos o Europa. Pero Bernard Moses vislumbró una oportunidad. La guerra Hispano-Estadounidense había expandido los horizontes de influencia hemisférica de Estados Unidos, de manera que el país necesitaba nuevos expertos en la cultura, geografía e historia latinoamericana. Tomando en cuenta las ambiciones de Hiram, la temática le vino como anillo al dedo. Sería un pionero: estudiaría los movimientos revolucionarios de los colonos españoles que expulsaron el poder europeo que los había gobernado. Su elección era política e innovadora, basándose en la creencia de que Estados Unidos compartía un pasado y futuro político con países como México, Colombia y Perú. Bingham celebraría la independencia de los países americanos y después demostraría cómo Estados Unidos podría usar esa historia compartida con fines económicos y políticos 57 . Tal como sus abuelos fueron pioneros religiosos en Hawái, Hiram sería un pionero político en Sudamérica. La diferencia clave, sin embargo, estribaba en el interés que su abuelo mostraba por los pueblos nativos. Hiram en cambio, habiendo tenido suficiente de ello en Honolulu, parecía mostrar un activo desinterés. Colmado de sol californiano, Hi tomó un tren al este, donde se reunió con Alfreda, quien era ahora su prometida. Viajó a Hawái para pasar el verano con sus padres, y después regresó al continente para empezar su doctorado en historia en Harvard, quizá con la esperanza de poder regresar a Yale después. Se enfocaría en los héroes de la independencia sudamericana. Soñaba con escribir una biografía de Simón Bolívar o, tal como lo llamara Bingham, «el George Washington de Sudamérica». En efecto, el nuevo rector de Yale, Arthur Hadley, le insinuó que podría haber una vacante para enseñar historia sudamericana cuando terminara su doctorado. Hadley se proyectaba al futuro de Estados Unidos en la región y quería que Yale fuera la punta de lanza. Como si se estuvieran sellando 47
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