bromeaban con facilidad, Hiram se sentó tímidamente por su cuenta, mostrándose sumamente incómodo. Los triunfos y decepciones del último año de Hiram, sin embargo, envalentonaron al larguirucho joven. Después de graduarse, un amigo lo invitó a navegar a Boston para asistir a las competencias de remo entre Harvard y Yale. Al pasar por la playa de los Mitchell, su amigo lo llevó en lancha a tierra firme, y el alto hawaiano logró ser invitado a cenar con la señora Mitchell y sus hijas. Disimulando sus dudas internas, habló con sorprendente convicción de sus planes futuros. «La pasamos de maravilla con Hiram», escribió Alfreda en su diario 55 . Hiram también la pasó muy bien con Alfreda, seducido tanto por ella como por su vida de sosegada gracia. Cuando el yate de los Mitchell ancló en Honolulu seis meses después, Hiram visitó su cabaña en la playa y empezó a cortejarla con leis hawaianos y paseos a caballo por la playa. Le confió el secreto de que en realidad estaba desilusionado de la vida de misionero y que deseaba explorar otras carreras. Aparentemente, el padre de Alfreda temió que ella se siguiera involucrando con este modesto hijo de misionero, y se llevó a la familia al Japón. Pero ya era demasiado tarde: se habían enamorado. Hi concluyó que debía mejorar su condición social para ser tomado en serio por esta adinerada familia. Renunció a la capilla y consiguió un trabajo técnico en una plantación azucarera; en cuatro meses ahorró suficiente dinero para viajar a San Francisco, la ciudad de sus sueños de niñez. Se mudó a Berkeley, donde se matriculó en el departamento de postgrado de la Universidad de California para estudiar sociología. Disfrutó de la vida social de San Francisco, participando en actuaciones teatrales y bailando con debutantes en las fiestas. Rompió finalmente con el sentimiento de culpa que lo había embargado desde la niñez. Sus cartas, que serpenteaban entre las disculpas y la defensa de su decisión, les rompieron el corazón a sus padres. Dada la curiosidad y amor por el conocimiento de Hiram, la decisión que tomó fue la correcta. Cuando empezaron las clases, se percató de que sus habilidades como narrador le serían útiles para la historia. Dejó la sociología por la historia e impresionó tanto al rector de la universidad que este le pidió a Hiram que lo reemplazara en sus clases mientras estuviera de viaje. Su tesis de maestría, «El surgimiento de la supremacía estadounidense en Hawái», cerró el primer capítulo de su vida. Recibió honores, pero era un trabajo más descuidado de lo que se habían percatado 46
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx