Las tumbas de Macchu Picchu

para su educación teológica para comprar un boleto en un vapor de regreso a Estados Unidos. Su padre lo atrapó en los muelles antes de que pudiera escapar, pero la triste traición de Hiram devastó a la familia. «Es terrible pensar que un chico como él haya podido engañar a sus padres», escribió un amigo de la familia. «Creo que fue afectado por los libros que anda leyendo»35. El amigo de la familia tenía razón. Algo florecía en Hiram que añoraba tierras menos sacras que Hawái. Después de su fallido intento de escape, sus padres le dieron más libertad. Hi empezó a tomar largas caminatas en las montañas de Oahu con su profesor de historia natural, quien le enseñó «los placeres de explorar y vivir al aire libre» y cómo recolectar especímenes zoológicos, biológicos y antigüedades para el pequeño museo de la escuela 36 . Bajo su tutela, Hi descubriría que las creencias familiares en un mundo bíblico de 6000 años se contraponían a las teorías científicas de la evolución y la geología. El cristianismo dejaría de tener el monopolio sobre la verdad. Cuando Hi tenía dieciséis años, su familia regresó a los Estados Unidos. Mientras sus padres supervisaban la publicación de la biblia gilbertense de su padre en Nueva York, Hi tomó un tren a Massachusetts y se matriculó en la Phillips Academy, un prestigioso internado en Andover, con la esperanza de seguir los pasos de su padre en la Universidad de Yale. Andover fue cruel con un niño rico en espíritu, intelecto y viajes, pero desesperadamente pobre en dinero. Los niños se burlaban de su ropa barata confeccionada por un sastre chino en Honolulu. Para pagar su alojamiento y alimentos trabajaba cinco horas al día en los comedores. Su habitación careció de calefacción hasta que su padre envió dinero para una estufa que elevaba la temperatura del cuarto a unos agradables doce grados centígrados en enero. La experiencia le dejó un desagrado permanente por la pobreza, pero formó su carácter. Un Hiram más alto y maduro se encontró con sus padres en el verano de 1893 en la impresionante Exposición de Colón en Chicago. Realizada en honor a la llegada de Colón al Nuevo Mundo cuatrocientos años atrás, la Feria Mundial de Chicago le dejó una profunda impresión al joven Hiram. Uno se pregunta qué podría haber pensado un niño criado por misioneros hawaianos de la «Ciudad Blanca» y su iluminada arquitectura clásica de estucos de alabastro; qué habría pensado de las muestras de los pasajes árabes y pueblos «salvajes»; y si estuvo entre el 35

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