Las tumbas de Macchu Picchu

Jr. enterró al bebé, pero los nativos encontraron la tumba y arrojaron sus restos en la arena27. Los isleños le encontraban pocas ventajas al cristianismo, y deseaban demostrar su poco aprecio por los misioneros. En sus primeros siete años ahí, Hiram y Clara convirtieron a tan solo cuatro almas. Después de diecisiete años de lucha, tuvieron una segunda oportunidad para alcanzar la dicha familiar. Clara quedó encinta nuevamente, y a pesar de que por fin estaban construyendo una congregación, decidió partir de las islas Gilbert. Hiram Jr. desfallecía de disentería, y ella sabía que ni su esposo ni su bebé sobrevivirían en una árida isla de coral. Con la ayuda de unos amigos nativos, dio aviso a una nave que pasaba y convencieron a la tripulación de permitirles abordar, a pesar de que esta se dirigía a Samoa. De dicho lugar navegaron a Fiyi, y de ahí a Nueva Zelanda, lo cual les alejaba aun más de su objetivo. Finalmente, con ocho meses de embarazo, Clara los embarcó en una nave que se dirigía a Hawái. Llegaron a Honolulu a comienzos de noviembre, y Clara ayudó a que su esposo se refugiara en el colegio de su hermana, ubicada a la sombra de la gran iglesia blanca de Kawaiaha’o 28 . Las contracciones de Clara empezaron seis días después y a las 3:15 de la mañana del 16 de noviembre de 1875, «mi corazón se colmó de un maravilloso amor y alegría al oír el llanto de mi precioso y querido hijo, un bello bebé varón. Todo estuvo bien —excepto que tenía muy poca leche para darle de amamantar— lo cual casi me rompió el corazón» 29 . A las diez de la mañana del día siguiente, Hiram Jr. entró para ver a su hijo, Hiram Bingham III, quien ya había viajado in utero más de lo que la mayoría de estadounidenses viaja en toda su vida. Para los niños norteamericanos del siglo XIX, Hawái era un lejano paraíso isleño, acariciado por brisas tropicales, lleno de fabulosas frutas y poblado por extranjeros. Para el joven Hiram Bingham III, también conocido como Hi, no era más que una colorida prisión. Después de su nacimiento, la comunidad misionera apoyó a sus padres, quienes aparte de su fe y magro estipendio, poseían poco. Como la familia no podía costearse un hogar, los misioneros les construyeron una casa grande a poca distancia de Punahou, la escuela fundada en un terreno entregado a Hiram Bingham I por la realeza hawaiana. Esta casa fue el retiro religioso que sus padres necesitaban —su trabajo de toda la vida sería traducir la biblia al idioma de las islas Gilbert— pero para un hijo 33

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