Las tumbas de Macchu Picchu

del siglo XVI que le pertenecía a la Universidad del Cusco. En el edificio, cuyos techos españoles descansan sobre muros incaicos adornados con los nichos trapezoidales originales, se instalarían sistemas para controlar la temperatura, humedad, luz y seguridad. El curador de Yale, Richard Burger, inspeccionó el sitio a mediados de diciembre, lo cual fue una muestra adicional de cooperación. Los peruanos involucrados han hecho llamados para que el proceso sea transparente. Cuando Mariana Mould, la académica que le ha dedicado largos años a Machu Picchu, pidió que se proveyeran copias de los documentos de Bingham junto con los objetos, el Ministro de Cultura del Perú confirmó que los documentos también serían compartidos 593 . «¿De qué nos servirían esos fragmentos si no contamos con las libretas en las que Hiram Bingham las describió?», se preguntó 594 . Era un giro maravilloso. Si se concretara tal traslado —si copias de los escritos de Bingham se compartieran con la colección— Bingham se volvería parte de la colección también. Cuando los muertos de Machu Picchu vayan a casa, el espíritu de Hiram viajaría con ellos: de vuelta a los Andes, la tierra que hizo de él un académico, el hogar de las montañas, ruinas e historia que tanto amaba. En julio de 2011, peruanos y visitantes de todo el mundo celebraron el centenario del día en que un niño peruano llevó a un explorador estadounidense a Machu Picchu: la chispa que encendió la historia del sitio. El enero anterior, pude hacerme una idea de cuán feliz sería tal ocasión. Di una charla en el Metropolitan Club de Washington DC, y me senté en una mesa con Luis Chang, el agregado cultural del Perú en Estados Unidos; Fred Truslow, uno de los ex alumnos que hizo un llamado para que Yale mandara los objetos a casa; y una de las nietas de Bingham, Abigail Bingham Endicott. Cada uno de nosotros hizo uso de la palabra, señalando un aspecto diferente de la historia de Machu Picchu: la protección que el Perú le brindó a su patrimonio, el amor de Hiram por su familia y trabajo académico, y el bienvenido compromiso de Yale con la transparencia y cooperación. El público estalló en aplausos cuando la hija de Harry Foote, el mejor amigo y compañero de Bingham en la afamada expedición de 1911, nos sorprendió a todos al acercarse al podio, desde donde compartió la historia de su padre y recitó los nombres de cada uno de los hijos de Hiram Bingham. En las semanas subsiguientes oí de miembros de la familia de Bingham que estaban profundamente contentos con que la historia se hubiera 339

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