llevaron el mensaje del Perú por toda Nueva York, una hábil muestra de por cuánto superaba el Perú a Yale en los medios. Durante la siguiente semana y media, representantes de Yale y del Perú se reunieron primero en privado, después públicamente589. Una delegación de Yale viajó a Lima el 18 de noviembre para reunirse con los más altos funcionarios del Perú y negociar bajo la ley peruana. El equipo de Yale tenía tres miembros —Ernesto Zedillo, ex presidente de México y director del Yale Center for the Study of Globalization [Centro Yale para el Estudio de la Globalización]; Derek Briggs, director del Museo Peabody; y Richard Burger, el curador de la colección de Machu Picchu— y habían venido con un mensaje para el presidente García y su ministro de Relaciones Exteriores, García Belaunde: Yale estaba dispuesto a devolver la colección entera, a decir del presidente García, «sin condiciones». El Perú había ganado. Pero de cierta manera, Yale había ganado también. Ahora que el Perú había obtenido la victoria y la catarsis que necesitaba, la cooperación podría comenzar. El presidente de Yale advirtió que las conversaciones seguían en marcha, pero indicó que la institución estaba complacida con el tenor positivo de las negociaciones. García generosamente hizo referencia a los estudios de Bingham y a la administración de la colección por parte de Yale, la cual previno que esta se diluyera en colecciones privadas. El principal diario del Perú aclamó el acuerdo como «el triunfo de la razón» que validaba el reclamo de larga data del país sobre sus objetos 590 . Las condiciones del acuerdo que firmaron Levin y García Belaunde fueron trascendentales. Para empezar, fue negociado bajo el decreto gubernamental de 1912, que fue el que permitió que los objetos salieran del Perú en primer lugar. Aunque Yale evitaría referirse a este hecho en las semanas que siguieron, era un reconocimiento implícito del reclamo peruano de larga data sobre los objetos y de la historia contada en las páginas de este libro. Era una validación de la actitud progresista del Perú en 1912, que hoy en día es un lugar común: que los objetos pueden circular por el mundo para ser investigados, pero que después deben regresar a casa. El acuerdo traería de vuelta la colección entera en un plazo de dos años. Esta era una victoria adicional, considerando que Yale había previamente intentado transferir la posesión al Perú, pero manteniendo para sí la mayor parte de la colección durante 99 años más. Bajo este acuerdo, después de 337
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