peruana hasta el momento 584 . Yale protestó que las amenazas constituían un obstáculo para la negociación «amistosa», pero quedaba claro que quien tenía la iniciativa era García. «¿Pero qué resolución amistosa???» reclamó un comentarista en la página web del periódico más grande de Perú. «Devuelvan lo que no les pertenece» 585 . Lo que siguió fue una muy efectiva mezcla de acción pública genuina y teatro político habilidoso. García dio inicio a la campaña peruana con una carta al presidente Barack Obama. Haciendo referencia a cómo el presidente de Estados Unidos William Howard Taft había alguna vez ayudado a Bingham a negociar sus excavaciones en Perú —una historia narrada en Cradle of Gold— García tenía la esperanza de que Obama considerara «justo y necesario» apoyar a Perú 586 . Después del envío de la carta, los peruanos salieron a las calles. El viernes 5 de noviembre, García lideró una manifestación en Lima, la capital del Perú, exigiendo la devolución «sin condiciones» de los objetos587. Los manifestantes empuñaban letreros que vituperaban contra Yale y declaraban que el patrimonio Inca era peruano. En Machu Picchu Pueblo, o Aguascalientes, el pueblo bajo las ruinas, los adultos y niños lugareños se unieron a las protestas. En Cusco, la capital incaica donde comenzaron los éxitos y problemas de Bingham, los residentes que se identificaban como incas se vistieron con trajes incaicos tradicionales y marcharon a la cabeza de una columna de empleados municipales, profesores y estudiantes de la Universidad San Antonio Abad, la institución que ayudara a Bingham en sus exploraciones y que después lo desafió. En quechua, la lengua de los incas, los herederos modernos de la cultura hicieron un llamado al presidente Obama a que ayudara a que los muertos de Machu Picchu regresaran a casa 588 . Las manifestaciones llegaron incluso a Estados Unidos. Aquel domingo, por lo menos nueve atletas estadounidenses y peruanos participaron en la maratón de Nueva York luciendo polos que decían «Yale, devuelve los objetos de Machu Picchu a Perú». Los incas alguna vez administraron su imperio con una red de chaskis, mensajeros que memorizaban órdenes, inventarios y movimientos de tropas, y que después corrían por las alturas de los Andes tan velozmente como podían hasta transmitírselos al siguiente chaski. A lo largo de veintiséis millas, estos chaskis modernos 336
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