Las tumbas de Macchu Picchu

Entre los principales objetivos del nuevo ministerio estaba la devolución de los objetos de Machu Picchu antes de que terminara el gobierno del presidente García a fines de julio de 2011 (los presidentes peruanos no pueden ser reelegidos a un periodo inmediato, pero pueden volver a postular una vez que haya transcurrido un periodo). Dos días después de juramentar, el primer ministro de Cultura del país, Juan Ossio, se comprometió con el caso: «esas piezas tienen que regresar al Perú» 577 . Aunque Ossio parecía estar abierto a tranzar con Yale —una opción que había fracasado anteriormente debido al tenso clima político de Perú— García tomó una postura más agresiva. En setiembre, a lo largo de una extraordinariamente larga audiencia de cinco horas realizada en New Haven, los abogados del Perú, White and Case LLP, hábilmente refutaron el argumento de prescripción presentado por Yale, dándole al gobierno peruano la confianza para aumentar la presión578. García prometió que haría de julio de 2011 una celebración internacional del redescubrimiento del sitio por Bingham, incluyendo invitaciones a Paul McCartney, Bono y Sting, y cuyo clímax sería el regreso de la colección. «No queremos un Machu Picchu a medias, no queremos un Machu Picchu por partes, queremos un Machu Picchu con todo lo que tenía», declaró el presidente García579. A medida que la retórica se intensificaba, los ex alumnos de Yale se hicieron oír, y tomaron partido por el Perú. A fines de setiembre de 2010, veintitrés ex alumnos peruanos de Yale enviaron una carta al presidente de la universidad, Richard Levin, en la que aseveraban que había llegado el momento de ponerle fin a la disputa. Un trío de graduados de Yale de la misma tendencia —Susan Rolfe, Frederic J. Truslow y Roberto Zalles— se mostraron de acuerdo en las páginas de Yale Daily News. Tomando nota de los artículos que denunciaban a Yale casi a diario en la prensa peruana, señalaron que la campaña presidencial de 2011 podría aprovecharse de la disputa, lo cual exacerbaría el conflicto. Les preocupó que Yale estuviera incumpliendo su palabra y dañando su reputación en el extranjero. No solo tenía el Perú la razón legal e histórica, argüían, sus museos eran perfectamente capaces de almacenar y exhibir los objetos en una manera que fomentara la colaboración futura entre Yale y Perú. Tenían la esperanza de que Yale «[se elevará] por encima del conflicto… [mostrando] una voluntad de tomar en cuenta la enorme importancia que esos objetos tienen para Perú y [levantará] una barrera a la futura 334

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