Cuando le di los últimos retoques al texto original de Cradle of Gold en enero de 2010, sin embargo, este desenlace parecía improbable. La Universidad de Yale y el gobierno peruano estaban en un tenso pleito legal respecto de la propiedad de la colección de Machu Picchu. En 2008, el Perú había entablado una demanda a Yale en el tribunal de distrito de Estados Unidos en la que exigía que la universidad devolviera los objetos, acusándola de apropiación ilícita de propiedad, fraude, conspiración y enriquecimiento ilícito. El Perú aducía que el gobierno había permitido la salida de la colección de Machu Picchu en 1912 solo bajo la condición de que Yale la devolviera cuando se le pidiera. Yale no admitió ninguna falta y pidió que el caso se archivara, arguyendo que el reclamo había prescrito. El juicio avanzaba inexorablemente hacia un duro veredicto final. El Perú no tenía interés alguno en soluciones que pusieran en duda su soberanía sobre la colección o que ignoraran la larga historia de su reclamo; un punto que Yale había rechazado desde que las negociaciones se iniciaran en 2002. Un arreglo negociado entre las dos partes quizá también habría dividido las 46 332 piezas arqueológicas que componían la colección. Por otra parte, una victoria unilateral por cualquiera de las partes habría reforzado la visión unidimensional que cada grupo tenía del otro y de Hiram Bingham. El Perú apelaría en caso de perder, pero la sombra de una derrota en una corte inferior pesaría sobre su campaña general. Para Yale, Bingham seguiría siendo un inmaculado héroe de la arqueología y Perú un vil oportunista político. Para Perú, Bingham seguiría siendo un contrabandista de labia dorada y Yale una institución prepotente que ocultaba su verdadera historia. Frustrado por el antagonismo que reforzaba los estereotipos de cada bando, recordé una novela que Bingham había leído en 1905, el verano anterior a convertirse en explorador: Nostromo, por Joseph Conrad. Actualmente, Conrad es más conocido por El corazón de las tinieblas —la descripción ficcional de la violencia colonial que después serviría de inspiración para Apocalipsis ahora de Francis Ford Coppola— pero cuando la Modern Library seleccionó las cien mejores novelas del siglo XX, Nostromo obtuvo una ubicación superior. Era una obra épica de 630 páginas llenas de un fascinante repertorio de residentes ingleses, norteamericanos y latinoamericanos en una ficticia república sudamericana rica en plata llamada «Costaguana». Su narrativa experimental reflexiona sobre temas como la vanidad, la avaricia, la corrupción y las políticas de la inversión extranjera en América Latina, pero también disecciona uno de 331
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