Capítulo 1 EL TEMPLO NEGRO Muchos años después, al levantar por primera vez un mazo inca de guerra, Hiram Bingham recordó su niñez, y quizá también cómo esta estuvo fuertemente marcada por el fervor de su familia 21 . En 1819, su abuelo, Hiram Bingham I, partió de la granja de sus padres en Vermont, rodeó el Cabo de Hornos y desembarcó en Hawái, entonces conocida por los ingleses como las Islas Sandwich. Era un hombre apuesto de veintinueve años, alto y guapo. Su nombre inspiraba imágenes de ímpetu, monumentos y servicio: un personaje bíblico llamado Hiram había ayudado al rey Salomón a construir su templo. Iba con su esposa, Sybil, una esbelta y sensible educadora de ojos azules. Se habían casado apenas dos semanas antes de partir. Sybil daría a luz siete hijos, de los cuales cinco llegaron a la adultez. La salud de Sybil se resquebrajaría progresivamente con cada parto, pero Hiram seguía siendo dueño de una energía volcánica. Era un misionero protestante que creía que seguía la estela del Mayflower de los tempranos colonos de Norteamérica. Pero mientras estos peregrinos, los Pilgrims, buscaron libertad religiosa, Bingham y sus hermanos deseaban evangelizar a los «gentiles». Ansiaban llevar «la gran salvación de Jesucristo» a los hawaianos22. Llegaron en el momento preciso. El rey Kamehameha I, unificador de las islas y patrono de los antiguos dioses, murió cuatro meses antes de la llegada de los misioneros. Gobernaba su esposa Ka’ahumanu, la mujer más acaudalada de las islas, quien se percató de las ventajas políticas de convertirse al cristianismo. Antes de conocerla, Bingham visitó un enorme y derruido templo de piedra volcánica negra, llamado Pu’ukohola heiau, cuya piedra angular había sido puesta por el 31
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