Las tumbas de Macchu Picchu

individuos como Julio C. Tello y Luis E. Valcárcel pudieron crecer y desarrollarse como académicos. Al rehusarse a devolver los objetos de Machu Picchu, Bingham podría incluso haber llevado al Perú a hacer leyes aún más fuertes. En 1929, el Congreso del Perú declaró definitivamente que las ruinas y los objetos que estas contenían eran de la propiedad del Estado, prohibiendo su exportación por siempre. Decididamente no era una solución perfecta: el Estado puede expropiar tierras tanto de terratenientes como de agricultores indígenas si es que contienen ruinas, y el saqueo sigue siendo un problema grave 573 . No obstante, se puede argüir que ilustró cuánto habían avanzado las élites del país en cuanto al valor atribuido a la protección del pasado indígena. A Bingham podría no haberle gustado, pero fue parte de ese cambio. Esto no significa que se le pueda dar un final feliz a la historia de Hiram Bingham y Machu Picchu o que esta pueda resolverse algún día. En ninguna parte son más evidentes las ambigüedades de ese legado que en Machu Picchu mismo. Antes de entrar a las ruinas, los visitantes pasan cuatro placas —tres de bronce y una de piedra—, todas inscritas en español. El Rotary Club del Cusco colocó la primera placa de bronce en 1948 para honrar a Bingham durante su visita como el «descubridor científico» de Machu Picchu. El segundo monumento de bronce es de 1961, y honra a Bingham en el quincuagésimo aniversario del «descubrimiento». La Cámara de Industria y Turismo del Cusco colocó la tercera placa de bronce en el septuagésimo quinto aniversario del «descubrimiento científico» del sitio; no hace referencia a Bingham, más bien le «rinde homenaje a los nuestros hijos del Inti que edificaron Machupicchu, monumento esplendoroso signo de la cultura Americana» [sic]. Y en octubre de 1993, 501 años después de la llegada de Europa al Nuevo Mundo, el Instituto Nacional de Cultura instaló su monumento de piedra, rindiendo «homenaje a Melchor Arteaga, Richarte y Álvarez, quienes habitaron Machu Picchu antes que Hiram Bingham». Bajo las ruinas, por el río Urubamba, hay un tributo aún más complejo a los residentes y visitantes pasados y presentes: el museo de sitio de Machu Picchu, que explica la ingeniería nativa y exhibe recreaciones computarizadas de la adoración al sol, así como más de 200 objetos encontrados en el sitio por arqueólogos peruanos. El museo es visitado por mucho menos turistas que las ruinas mismas, pero quienes lo hacen, quizá en los días lluviosos, aprenden mucho más de la historia inca del sitio que 324

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