Las tumbas de Macchu Picchu

de cualquier guía o de la exhibición en Yale. El museo le reconoce a Bingham el haber hecho famoso a Machu Picchu, pero también alude a la controversia respecto de la exportación de los objetos. Más allá de los maniquíes de 1,65 metros que muestran a los incas construyendo Machu Picchu, los visitantes pueden admirar el único oro excavado de Machu Picchu: un solitario brazalete encontrado por la arqueóloga peruana Elva Torres cuando recolectaba muestras de tierra para una firma consultora estadounidense574. La controversia en torno a los objetos de Machu Picchu no debería ser malinterpretada como una antipatía generalizada hacia los arqueólogos e investigadores estadounidenses. Cuando los colaboradores extranjeros respetan las leyes de un país y participan de un espíritu de intercambio abierto, prospera el buen trabajo. Si la lluvia sigue cayendo, los visitantes pueden ponerse sus ponchos e inspeccionar las coloridas y temblorosas flores del jardín de orquídeas detrás del museo. Si aún no han visitado Machu Picchu, podrán regresar a la pista para subirse a uno de los buses que ascienden por la carretera Hiram Bingham, el monumento más apropiado imaginable para el explorador que hizo que las ruinas alanzaran fama mundial. Si se están sintiendo aventureros, sin embargo, podrían pedirle a uno de los numerosos niños lugareños vestidos en ropajes neo-incaicos que los guíe por el sendero de tres kilómetros que lleva a las ruinas. No es el mismo camino que Hiram Bingham tomó aquella mañana de julio en 1911, y es mucho menos empinado, pero no es menos impresionante. A la sombra de Machu Picchu, el sendero cruza la división entre el tormentoso río abajo y las hermosas ruinas arriba: el ambiguo camino trazado por peruanos y estadounidenses entre la realidad y la leyenda, la pérdida y la esperanza; de la cuna a la tumba y de vuelta nuevamente. 325

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx