de Ishi, el «último Yahi» que había emergido de la Sierra Nevada en 1911 y que murió en 1916. La comunidad Redding Rancheria y la tribu de Pit River, considerados por el Smithsonian como los parientes más cercanos de Ishi, reunieron el cerebro con los restos cremados de Ishi y los volvieron a enterrar en una ubicación no revelada en California559. Mientras que la NAGPRA solo se aplica a tribus estadounidenses, Mariana Mould de Pease ha señalado que instituciones como el Smithsonian han sentado un precedente al devolver bultos de momias al Cusco 560 . El simbolismo del caso de Yale se profundiza por el hecho de que los restos humanos provienen de Machu Picchu, la estancia real de Pachacútec, quien fuera uno de los grandes líderes indígenas de la historia andina y uno de los que más expandió el Imperio. Hace mucho tiempo que desapareció la momia de Pachacútec, pero el hecho de que los cuerpos y objetos de los hombres y mujeres que lo atendieron estuvieran en Yale seguía siendo profundamente mortificante. En mayo de 2006, 1200 habitantes del pueblo ubicado bajo Machu Picchu viajaron en tren al Cusco para hacer una manifestación que pedía la devolución de los objetos de Machu Picchu a su «hogar»561. «¿Qué pasaría si el Perú tuviera los objetos que pertenecieron a George Washington?», preguntó el director del Instituto Nacional de Cultura del Cusco el año anterior. «Las tendríamos que devolver. Tendrían un significado para Estados Unidos, no para el Perú» 562 . Frente a la arremetida del Perú, Yale se replegó sobre sus enormes fondos e intentó esperar a que pase la tormenta. El gobierno de Alejandro Toledo llegó a su fin a mediados de 2006, y la presidencia recayó en Alan García, quien se comprometió a seguir políticas pro estadounidenses. Tal como esperaba Yale, los negociadores de García eran más amigables, y permitieron que la universidad presentara a los representantes del gobierno de Toledo como oportunistas políticos, lo cual hizo de manera muy pública en un artículo para la revista del New York Times563 . A fines de setiembre de 2007, los negociadores de Yale y Perú anunciaron que habían logrado un acuerdo que serviría de base para futuras negociaciones entre museos y países arqueológicamente ricos. A primera vista, parecía que el Perú había ganado. Si el Perú permitía que una «colección de investigación» permaneciera en Yale, la universidad reconocería el derecho del Perú a los objetos y devolvería unas 380 piezas «de calidad de museo» cuando el 316
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