Las tumbas de Macchu Picchu

cultura. Era un argumento condescendiente que ignoraba el progreso: las instituciones culturales del Perú habían avanzado a pasos agigantados desde la época de Bingham. Más importante aún, las órdenes ejecutivas eran prueba de que en la década de 1910 al Perú sí le importaba su historia. Las tempranas negociaciones en torno a los objetos de Machu Picchu y las evasiones de Bingham eran reveladoras, y el Perú se sentía legítimamente indignado cuando Yale rechazaba su relevancia. Yale se sorprendió al enterarse de que otro participante en las expediciones posteriores de Bingham era del mismo parecer. La National Geographic Society también quería que los objetos fueran devueltos. Su vicepresidente, Terry García, revisó la documentación de la sociedad y opinó que «no había duda» de que los objetos de Machu Picchu le pertenecían al Perú554. La National Geographic intentó mediar un acuerdo, pero la universidad no mostró interés. La sociedad estaba horrorizada. «Es muy condescendiente de su parte sugerir que no pueden devolver estos objetos al Perú porque este no puede hacerse cargo de ellos; que un país como el Perú no tiene arqueólogos competentes o museos», le dijo el vicepresidente de la National Geographic al New York Times en 2007. «Quizá si fueras una potencia colonial en el siglo XIX podrías racionalizar hacer una declaración como esa. No veo cómo la pueden hacer hoy en día. ¿Por qué no reconocer que la propiedad es del pueblo peruano y llegan a un acuerdo con el Perú? Te liberarías de esta horrible controversia con el Perú y todavía podrías hacer investigación académica»555. Yale, sin embargo, parecía estar determinada a poner el dedo en la llaga. Cuando se inauguró la muestra de Machu Picchu del Museo Peabody en enero de 2003, al cruzar la puerta los visitantes eran bienvenidos por un maniquí de Bingham de 1,93 metros tomándole fotos a un trabajador. El texto de la muestra indicaba que la colección se volvió parte del Peabody «por un acuerdo con el gobierno peruano». Con eso, se rompieron los diques. Los diplomáticos peruanos públicamente dieron a entender que esto terminaría en un juicio. Los negociadores de Yale adoptaron una postura aún más intransigente. En 2005, por vez primera, ofrecieron un argumento legal de por qué los objetos le pertenecían a Yale: un Código Civil de 1852 que en algún momento normó lo que se descubría bajo el suelo peruano556. Los decretos que se aprobaron en 1911 y 1912, que prohibían la exportación de objetos y que estipulaban la devolución de los 314

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