Las tumbas de Macchu Picchu

en New Haven. En su siguiente capítulo, «Ciertos enigmas…», tampoco mencionó el estatus legal de los objetos, más bien enfocándose en cómo Machu Picchu parecía estar ausente de las crónicas. No obstante, Valcárcel cerró el capítulo con un curioso párrafo. Sin preámbulos, señaló la presencia del cáliz, la alpaca y ave de piedra de Alvistur en la colección de Machu Picchu, objetos que nunca salieron publicados en ninguno de los libros de Bingham. Indicó que provinieron de la colección de Alvistur pero musitó que quizá habían sido vendidas al anticuario por los residentes de Machu Picchu545. No se hizo referencia alguna al estatus legal de la colección. A sus setenta y siete años, hacía tiempo que Valcárcel había perdido el gusto por polemizar por Machu Picchu. Cuando Valcárcel dictó sus memorias a fines de la década de 1970, recordó su juventud como activista político y defensor de los indios en el Cusco. Pero cuando se llegó al tema de las acusaciones de que Yale había saqueado y contrabandeado objetos, dijo que su comisión «no [había encontrado] ningún testimonio que permitiese probar los delitos que se adjudicaban a los estudiosos norteamericanos encabezados por Bingham» 546 . No hubo mención alguna a la investigación en cuyo transcurso había sido humillado por Bingham, o al haber sido dejado varado en el puerto mientras se alejaba el bote con dirección a la Isla del Sol. Quizá ya no creyera que Yale hubiera actuado tan mal, habiendo sellado algún tipo de paz con Bingham hacía tiempo. Quizá algunas memorias seguían siendo muy humillantes. Probablemente se trató de algún punto intermedio. Cuando Luis Valcárcel murió en 1987, a los 96 años de edad, no dejó más comentarios respecto de la extraña historia de Bingham y Machu Picchu, salvo lo que recordaron quienes lo sobrevivieron. Su hijo, Frank, recordó que su padre tenía palabras amables para con Bingham. Uno de los estudiantes de Valcárcel, también historiador, propuso en 2005 que «Machu Picchu le debe todo a Bingham, y que Cusco le debe todo a Machu Picchu». Sin embargo, cuando se llegó al tema de la investigación hecha por Valcárcel sobre la expedición de Yale de noventa años atrás, el estudiante se sorprendió al serle recordado que las memorias de su profesor absolvían a Yale de cualquier hecho delictivo. Él recordaba que Valcárcel decía lo contrario: que Yale había contrabandeado objetos después de todo. 310

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