Las tumbas de Macchu Picchu

Yale para estudiar los cráneos, huesos y objetos «en el futuro cercano… el dividir la colección en este momento podría ser perjudicial a la investigación»540. Harry creía que «buena parte de la colección de cerámica incaica que está actualmente listada y almacenada en Yale podría eventualmente regresar al Perú», pero estas expectativas no se realizarían, cuando menos no por el momento 541 . La buena voluntad de los herederos de Hiram ya no era relevante; quien administraba las tumbas de Machu Picchu ahora era Yale. Harry viajó al Perú y asistió a la conmemoración en las ruinas, pero lo único que pudo entregarle a la Universidad del Cusco fue una caja con las diapositivas de su padre. En el Cusco, el día anterior a la ceremonia en Machu Picchu, se leyó el épico ciclo poético de Pablo Neruda, Las alturas de Machu Picchu542. «¡Devuélveme el esclavo que enterraste!» rezaba un canto, entristeciendo la celebración543. Los servidores de Machu Picchu permanecían en Norteamérica, sin embargo. Siete años después, la Universidad de Yale le encargó a otro hijo de Bingham, Alfred, que le regalara al Perú un retrato de Hiram que por lo menos hasta 2006 seguía colgado en una oficina en las ruinas. Tampoco es que Yale no quisiera que los peruanos estudiaran los objetos… podían hacerlo siempre y cuando decidieran viajar a New Haven. Luis Valcárcel viajó a inicios de 1962, medio año después de representar a la agencia peruana responsable de la protección de ruinas en las conmemoraciones del quincuagésimo aniversario del descubrimiento. Pasó dos días y una noche en New Haven, conversando con académicos y estudiantes de Peabody y —de manera crucial— revisando la colección Bingham de objetos, quizá el primer peruano en gozar de dicho privilegio 544 . Al hacerlo, recordó las batallas que se pelearon y perdieron hacía tiempo. Ahí, entre las piezas marcadas como provenientes de Machu Picchu, vio tres objetos que sabía que no venían de la ciudadela, sino de la colección de Tomás Alvistur: el cáliz de piedra color verde negruzco, la alpaca de color marrón claro y el ave de piedra marrón en toda su abstracta belleza. Valcárcel publicó su descubrimiento, pero de manera discreta. A su retorno al Perú, escribió Machu Picchu: el más famoso monumento arqueológico del Perú. En un capítulo sobre «El descubrimiento científico», reconoció el mérito de Bingham de ir más allá de las crónicas, pero se abstuvo de comentar la residencia de las tumbas de Machu Picchu 309

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