restaura al templo del sol. «Supongo que encontrarlo me significó más que poseerlo», dice Steele. Pero mientras los indios celebran, le entrega a su rubia acompañante un alfiler incaico de oro. «Debe haberse metido a mi bolsillo cuando estaba en la tumba», dice. Secret of the Incas definitivamente no es un clásico, pero ha tenido considerable influencia. Según el diseñador de vestuario de Raiders of the Lost Ark [«Los cazadores del arca perdida»], el equipo de producción vio la película varias veces y basaron el vestuario de Indiana Jones en lo que vestía Heston, e imitaron un par de elementos de la trama, como la escena en que Steele redirige un haz de luz para revelar la verdadera ubicación del tesoro de Manco 537 . De manera más significativa, en el Perú, donde se estrenó Secret of the Incas, la película podría haber mantenido viva la idea del tesoro perdido de Machu Picchu. En 1961, el Perú celebró el quincuagésimo aniversario de la visita de Bingham a Machu Picchu. Después de que el periódico El Sol reviviera las alegaciones de que Bingham había robado el oro y plata de Machu Picchu, Ricardo Charaja —el único peruano en la expedición de Yale, y descubridor del camino Inca y los objetos de Inca Churisca— salió en defensa de Bingham. Charaja, con probablemente más de setenta años a cuestas y habiendo regresado de New Haven hacía tiempo, señaló que Bingham estuvo dispuesto a desembolsar ingentes cantidades de dinero sin siquiera pensar en obtener réditos pecuniarios por ello 538 . Buscando descubrir la verdad, los arqueólogos de la Universidad del Cusco intentaron recuperar los objetos de Machu Picchu, los cuales creían que Bingham había devuelto a Lima hacía tiempo. Cuando se enteraron de que Yale se había limitado a devolver huesos y ceramios revueltos provenientes de otros sitios, le pidieron al Ministerio de Educación que le hiciera recordar a Yale sus obligaciones 539 . Si el Ministerio efectivamente hizo gestiones ante Yale, tuvo tan poco éxito como el que logró el segundo hijo de Hiram, Hiram IV, también conocido como Harry, quien también estaba intentando hacer sus propias enmiendas por el pasado. Harry era un hombre de fuertes convicciones. Como vice cónsul en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, había ayudado a 2500 judíos a huir de los alemanes. En 1961, Harry se reunió con el director del Museo Peabody para defender la posición peruana y ver si Yale devolvería aunque sea unas cuantas piezas. El director del museo, sin embargo, se mantuvo firme: dado que se designaría un arqueólogo de 308
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