Las tumbas de Macchu Picchu

de Fidel Castro en Cuba— visitó Machu Picchu durante su ahora famoso peregrinaje por Sudamérica. Para él, esta era la expresión pura de una poderosa América indígena que no llegó a ser tocada por los conquistadores. Consideró que Machu Picchu era «un brazo extendido hacia el futuro cuya voz de piedra grita con alcance continental: “Ciudadanos de Indoamérica, reconquistad el pasado”». La historia reciente del sitio también indignó al Che. «Aquí hay una parte triste», se lamentó Guevara: «Todas las ruinas quedaron limpias de malezas, perfectamente estudiadas y descritas y… totalmente despojadas de cuanto objeto cayera en manos de los investigadores, que llevaron triunfalmente a su país más de doscientos cajones conteniendo inapreciables tesoros arqueológicos y también, por qué no decirlo, importante valor monetario. Bingham no es el culpable, objetivamente hablando, los norteamericanos en general, tampoco son culpables, un gobierno imposibilitado económicamente para hacer una expedición de la categoría de la que dirigió el descubridor de Machu Picchu, tampoco es culpable. ¿No los hay, entonces? Aceptémoslo, pero ¿dónde se puede admirar o estudiar los tesoros de la ciudad indígena? La respuesta es obvia: en los museos norteamericanos» [sic] 536 . La sensación de que algo andaba mal definitivamente no se limitaba a los visitantes latinoamericanos del sitio. En 1954, justo dos años después de la visita del Che, el actor Charlton Heston protagonizó una película de Paramount llamada Secret of the Incas. Inspirado por el artículo de National Geographic en que se describían las teorías de Bingham, la producción contrató a Albert Giesecke, el amigo de Bingham, como consejero técnico y se filmó en Machu Picchu. Heston interpretó a Harry Steele, un explorador sin afeitar pero de pinta conocida, que vestía una casaca de bombardero y portaba una fedora en la cabeza mientras iba en busca del «destello dorado» del emperador Manco Inca. Cuando Steele entra a Machu Picchu, la película parece una versión onírica de la historia de Bingham. Steele discute con un egresado de la Universidad del Cusco llamado Pachacútec y una princesa Inca interpretada por la cantante peruana Yma Súmac. Un representante del gobierno peruano está presente para asegurarse de que nadie «se apropie de ningún suvenir». El gran conflicto de la película es si Steele encontrará el tesoro de Manco antes que un perdulario ladrón de antigüedades y un arqueólogo estadounidense en pantalones de montar. Steele se impone, pero su conciencia le pesa. Le entrega el ídolo a Pachacútec, quien lo 307

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